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Plenario

(Nueva York, 27 de Noviembre de 2000)

Intervención del Embajador Alfonso Valdivieso, Representante Permanente de Colombia, Tema 20: "Fortalecimiento de la coordinación de la asistencia humanitaria y de socorro en casos de desastre que prestan las Naciones Unidas, incluida la asistencia económica especial".

 

Señor presidente:

Comenzamos este nuevo siglo con la perspectiva de enfrentar un número creciente de emergencias humanitarias en diversas partes del mundo. En la década de los 90, cuatro millones de personas perdieron la vida en situaciones de conflicto y cada año 150.000 personas perecen en desastres naturales.

Corresponde por tanto a la comunidad internacional que representamos examinar su capacidad de respuesta a este situación. La Asamblea General de las Naciones Unidas es el foro intergubernamental más apropiado y en donde tienen cabida todos los países tanto donantes como receptores de la asistencia humanitaria, con sus criterios particulares sobre esta cuestión.

Se espera que examinemos periódicamente las pautas de política sobre la asistencia humanitaria que brinda la organización, que velemos por la correcta administración de los recursos disponibles y que impulsemos la coordinación entre las organizaciones del sistema y de ellas con los diversos agentes de la acción humanitaria en el mundo.

Es evidente que las grandes emergencias humanitarias de la última década - en el Cuerno de Africa, los Balcanes, Africa central, el Caribe y Centroamérica - han despertado entre el público de todos los países un enorme deseo de apoyar las acciones de socorro internacional. De ello se desprenden, al menos tres efectos: a) un aumento apreciable de los recursos para la asistencia internacional - se calcula que en 1998 se destinaron 4.500 millones de dólares; b) una proliferación de las organizaciones humanitarias y c) la necesidad de coordinar mejor los esfuerzos de socorro.

Permítame, señor presidente, presentar los puntos de vista de mi delegación con relación a estos aspectos.

1. Recursos para la asistencia humanitaria

Lo primero que vale la pena destacar es que el aumento de recursos en la última década parece haberse logrado sacrificando los montos de ayuda oficial para el desarrollo - AOD - cuyo monto global ha venido descendiendo. Por lo demás, los nuevos recursos se han concentrado en aquellas regiones del planeta más próximas a los mayores donantes, desatendiendo necesidades apremiantes en otras partes del mundo, particularmente en Africa. Así lo refleja la respuesta decepcionante de la comunidad internacional este año al Proceso Consolidado de Contribuciones (CAP) de las Naciones Unidas.

Observamos además la tendencia creciente a utilizar los canales bilaterales para brindar asistencia humanitaria, lo cual no obra a favor de su imparcialidad e independencia política. A comienzos de los años noventa, los fondos y programas de las Naciones Unidas captaban el 45% de los recursos disponibles, mientras en 1998 esa participación había descendido al 25%. Abogamos por tanto por unas corrientes de asistencia humanitaria administradas por fuentes multilaterales, en montos suficientes y con una distribución geográfica que refleje la magnitud de las emergencias y el número de personas que reequieren atención.

2. Aumento en el número de organizaciones humanitarias

Un segundo factor ha sido la aparición de grandes organizaciones de ayuda humanitaria, con grandes presupuestos, activas campañas a través de los medios de comunicación y una responsabilidad difusa ante la sociedad. La vinculación de estas organizaciones a los programas de Naciones Unidas es algo que valoramos, pero esta asociación de esfuerzos exige una mayor precisión en sus términos en aras a la transparencia. Registramos complacidos que, incluso empresas privadas de algunos países hayan expresado su deseo de asociarse a los programas de nuestra organización, particularmente durante emergencias causadas por desastres naturales.

No debemos descuidar, sin embargo, el potencial de respuesta a las emergencias que poseen las propias organizaciones no gubernamentales de los países en desarrollo, en donde vive el 90% de las víctimas de los desastres y se presenta el mayor número de los conflictos. Abogamos por el fortalecimiento de la sociedad civil en estos países, para que los esfuerzos nacionales y regionales sean la primera línea de defensa contra la adversidad causada por los riesgos naturales o la violencia contra la población indefensa.

3. La coordinación e integración de esfuerzos internacionales

Desde nuestro punto de vista, señor presidente, el mayor desafío para la coordinación de la asistencia humanitaria hoy día, no radica en coordinar aspectos operacionales, tales como el suministro de alimentos, la provisión de atención médica o la dotación de vivienda temporal, a pesar de su importancia. Consiste, mas bien, en integrar el enfoque de la asistencia con acciones de rehabilitación posteriores a los conflictos o los desastres, dentro de una estrategia de largo plazo que permita el desarrollo sostenible de las comunidades afectadas. En otras palabras, se requiere integrar más estrechamente la asistencia humanitaria con los programas de ayuda al desarrollo.

Somos concientes que diversas agencias multilaterales y programas bilaterales han identificado esta necesidad y están explorando diversos caminos para subsanar la situación. Podemos citar a manera de ejemplo el llamado "proceso Brookings" con participación del Acnur y el Banco Mundial, entre otros, para ampliar la atención de los refugiados. El hecho es que estamos viviendo una época de emergencias recurrentes, como resultado ya sea de conflictos o de fuerzas de la naturaleza, y las buenas prácticas de integración de esfuerzos se han vuelto una necesidad inaplazable. Hacemos un llamado en favor de la asistencia humanitaria para generar ambientes de recuperación o reconciliación en los países afectados, según sea el caso, conducentes por la vía del desarrollo sostenible.

4. Segmento de asuntos humanitarios del ECOSOC

A este respecto, mi delegación lamenta que el ECOSOC no hubiera podido llegar a unas conclusiones de mutuo acuerdo, durante el pasado segmento de asuntos humanitarios del mes de julio. Estimamos que se perdió la oportunidad de aportar nuevos elementos para orientar la gestión de la asistencia humanitaria de las Naciones Unidas, regida desde 1991 por los términos de la resolución 46/182, y aspiramos a reanudar un diálogo sustantivo durante el segmento del próximo año en Ginebra.

Permítame, señor presidente, destacar dos aspectos valiosos del texto de conclusiones que fue objeto de negociación. En primer término, la vinculación de la tecnología a la prevención y manejo de desastres naturales. Para países como Colombia y en general, para los de América Latina y el Caribe, propensos a sufrir el efecto de sismos, inundaciones, huracanes y otras manifestacioines destructivas de la naturaleza, la tecnología podría mejorar la detección temprana de los riesgos, así como fortalecer la capacidad nacional y regional de respuesta a las emergencias. En la intervención que mi delegación hizo ante el Ecosoc, en capacidad de Secretaría Pro Témpore del Grupo de Río, presentamos los criterios que orientan la cooperación regional en esta materia.

En segundo lugar, en las sesiones del Ecosoc reconocimos la necesidad de adoptar un enfoque sistemático y transparente para atención de los desplazados internos en emergencias complejas, aunque no se logró acuerdo sobre los términos de este tipo de asistencia. Este enfoque debería poner a disposición de los países afectados la capacidad existente en las Naciones Unidas para atención de los desplazados internos, dentro del respeto a los principios de la asistencia humanitaria y las normas internacionales de derechos humanos y derecho internacional humanitario. En nuestra opinión, existe una relación dinámica entre la asistencia humanitaria, la protección de los civiles y la reconstrucción de las sociedades afectadas, que debemos seguir examinando para llegar a conclusiones postivas.

En mi país, señor presidente, que es una democracia legítimamente constituida y de amplia participación popular, se libra un conflicto con agrupaciones violentas empeñadas en imponer su voluntad por acción de las armas, con lo cual han dado origen al desplazamiento de miles de colombianos en los años recientes. Diversas organizaciones de Naciones Unidas, así como representantes de la Cruz Roja Internacional, de gobiernos amigos y organizaciones no gubernamentales, están apoyando los esfuerzos que hace nuestro gobierno para responder a esta emergencia humanitaria.

Hemos presentado a la comunidad internacional varias inciativas para ejecución a corto y mediano plazo, entre ellas una llamada a beneficiar 58.000 familias desplazadas, en un proyecto que se ejecutará durante el periodo 2000 a 2002. Se apoyarían acciones de pronto retorno a los lugares de origen, estabilización económica en los sitios de asentamiento actual o la reubicación voluntaria en distintos regiones del país. Por otra parte, la legislación aprobada en 1997 para responder a este fenómeno facilita la constitución de organizaciones de desplazados internos para demandar la atención de las autoridades locales y nacionales y canalizar los fondos externos de asistencia humanitaria.

5. Protección y seguridad del personal humanitario

En esta sesión, no quisiera terminar mi intervención sin antes exaltar la calidad humana y los méritos del personal de Naciones Unidas que cumple funciones de asistencia humanitaria en diferentes países del mundo. Su dedicación al servicio de la humanidad y sus accciones de alivio a millares de víctimas inocentes, son dignas de nuestra admiración y reconocimiento.

A este respecto, hay dos temas que preocupan a nuestra delegación. El acceso sin restricciones del personal humanitario a las poblaciones necesitadas y las condiciones de seguridad para el desempeño de su labor.

Colombia quisiera expresar su firme rechazo a los actos violentos en cualquier parte del mundo, dirigidos a negar el derecho básico de toda persona a recibir asistencia humanitaria. Los grupos armados que deliberadamente obstaculizan el suministro de alimentos a poblaciones indefensas en las zonas de conflicto, violan claras normas del derecho internacional humanitario y la comunidad internacional en su conjunto debería condenar esa práctica.

Por otra parte, lamentamos hondamente el creciente número de trabajdores humanitarios que, en años recientes, han perdido la vida en desempeño de sus funciones, están detenidos en cárceles o se hallan desaparecidos en circunstancias inciertas. Agradecemos al Secretario General el informe sobre este tema presentado con la referencia A/55/494 y apoyamos las medidas presupuestales de corto plazo para mejorar la seguridad del personal.

Sin embargo, deseamos expresar nuestro total desacuerdo por la inclusión del nombre de un ciudadano colombiano en la lista que aparece en el Anexo II de este informe, dando cuenta del personal civil que perdió la vida durante el último año en acciones de servicio en el exterior. La vinculación de esta persona a un programa de cooperación técnica que realilza el PNUD en nuestro país, no generaba ningún vínculo laboral con las Naciones Unidas ni con el gobierno colombiano, como quedó expresamente declarado en el respectivo contrato de servicios. El atentado que le costó la vida fue ampliamente condenado en nuestro país y las circunstancias de este crimen están siendo investigadas por las autoridades judiciales. Pero resulta incorrecto y se ha obrado con ligereza al agregar su nombre al número de víctimas de las Naciones Unidas en el mundo, o presentar el incidente como un ataque contra el personal de la organización. En este sentido nos hemos dirigido a la Administración del PNUD solicitando una corrección de la información.

Consideramos importante que el mayor número de países ratifique el Convenio de 1994 sobre seguridad del personal de Naciones Unidas y personal asociado, y mi país está examinando actualmente formar parte de él. Creemos que la aprobación de este convenio contribuirá a fijar con claridad la responsabilidad de protección que cabe a los Estados en relación con diversas categorías del personal de las Naciones Unidas, así como a crear armonía entre las legislaciones doméstica e internacional.

Permítame concluir señalando que los asuntos humanitarios de nuestra época han alcanzado una mayor prominencia en la agenda política, la agenda de seguridad internacional, de desarrollo sostenible, de derechos humanos y de política externa de los Estados.

Consecuente con esta realidad, se han propuesto iniciativas dentro y fuera de las Naciones Unidas para dar a la acción humanitaria una definición más amplia, una definición que incluya no sólo los aspectos de asistencia, sino también de protección de los civiles y rehabilitación económica de las personas afectadas.

Estamos dispuestos a participar en este diálogo con un elevado sentido de humanidad y de respeto a los criterios que puedan exponer diversos países sobre esta cuestión y sus repercusiones internacionales en el nuevo siglo.

Muchas gracias, señor Presidente.

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