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Tercera Comisión

(Nueva York, 29 de Septiembre de 2000)

Intervención del Embajador Alfonso Valdivieso, Representante Permanente de Colombia, en nombre de los países miembros del Grupo de Río sobre el tema 106: "Fiscalización Internacional de Estupefacientes".

 

Señora Presidenta:

Es un honor para la delegación de Colombia efectuar esta intervención, en su calidad de Secretaría Pro-Tempore del Grupo de Río, integrado por 19 países de América> Latina y el Caribe.

En primera instancia, deseamos agradecer al señor Pino Arlacchi, Director Ejecutivo de la Oficina de Naciones Unidas de Fiscalización de Drogas y Prevención del Delito, la valiosa y útil presentación que nos ha hecho al comienzo de esta sesión. Así mismo, al Secretario General por la elaboración del informe que sirve de base para nuestros trabajos, del cual deseamos destacar, en particular, sus comentarios sobre la aplicación de la Declaración de los Principios Rectores para Reducción de la Demanda de Drogas y sobre la aplicación en el último año de los resultados de la Asamblea Extraordinaria del año 1998.

El Grupo de Río expresa además su beneplácito por la manifestación explícita que hicieron numerosos Jefes de Estado o de Gobierno que asistieron a la Cumbre del Milenio, durante la cual expresaron su determinación de resolver el problema mundial de las drogas a través de un esfuerzo colectivo, tal como quedó reflejado en la Declaración del Milenio.

Señora Presidenta:

En la XIV Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de Río celebrada en Cartagena de Indias, Colombia, en junio pasado, el Grupo reiteró una vez más el convencimiento de que para hacer frente al problema mundial de las drogas, se debe seguir trabajando con un enfoque integral y equilibrado, basado en el principio de la responsabilidad compartida.

Considera, así mismo, que para dar a este esfuerzo un carácter global, como lo acordó la Asamblea Extraordinaria sobre el problema mundial de las drogas hace dos años, es necesario un empeño colectivo de acción de la comunidad internacional en los diferentes eslabones de la producción, comercialización y consumo de drogas ilícitas, así como en relación con los delitos conexos.

Reflexionando sobre lo ocurrido desde el último año, el Grupo de Río expresa su satisfacción por la culminación del proceso intergubernamental que permitió elaborar las guías para la presentación de los informes nacionales acordados durante el Vigésimo Período Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General.

En este sentido, deseamos recordar lo expresado en el artículo 20 de la Declaración Política, adoptada en aquella ocasión, según el cual corresponde a los Estados informar cada dos años sobre sus esfuerzos para cumplir las metas y objetivos fijados para los años 2003 y 2008 en cada una de las esferas de atención de este problema mundial. Corresponderá además a la Comisión de Estupefacientes la función del análisis de dichos informes, con el fin de incrementar la cooperación para enfrentar el problema mundial de la droga.

Consideramos de suma importancia que el Programa de las naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de las Drogas - PNUFID, en su calidad de Secretaría de la Comisión, brinde su apoyo a los gobiernos en su esfuerzo de cumplir la obligación de presentar sus informes, particularmente en lo que se refiere a la recopilación de la información sobre reducción de la demanda, eliminación de cultivos, cooperación judicial, lavado de dinero, drogas sintéticas y precursores químicos, según sea aplicable.

Así mismo, deseamos destacar la decisión adoptada por la Comisión de Estupefacientes en Viena, en el sentido de presentar a la Asamblea General un informe en los años 2003 y 2008 sobre el progreso registrado para esas fechas, con objeto de alcanzar los objetivos fijados en la Declaración Política de 1998, cuyo texto plasma la voluntad colectiva de acción contra este problema mundial.

La Comisión de Estupefacientes, además, ha decidido con mucho acierto incluir dentro del programa para el período de sesiones del próximo año, la realización de un debate temático, bajo la forma de "panel de expertos", que tendrá como tema la "Formación de alianzas para hacer frente al problema mundial de las drogas".

Dentro de los subtemas que serán objeto del debate destacamos como de especial interés para nuestra región lo correspondiente al de "prevención del uso indebido de drogas entre los niños y los jóvenes."

Adicionalmente, el Grupo de Río desea hacer especial mención de la importancia que nuestros países atribuyen al control del comercio internacional de los precursores químicos utilizados en la fabricación de drogas ilícitas. Confiamos en que tanto la Comisión, como el PNUFID y la JIFE, continúen asignando a este tema una alta prioridad por la magnitud del impacto que el uso ilícito de esas sustancias tienen en la producción de estupefacientes.

Quisiera aprovechar para expresar el reconocimiento de nuestro Grupo a la Oficina de Naciones Unidas en Viena, así como a la JIFE, por el importante apoyo que viene brindando a los países de la región para dar cumplimiento a los compromisos internacionales que hemos asumido frente al problema mundial de las drogas.

Señora Presidenta:

Permítame en esta intervención hacer referencia a una importante labor que nuestros países han realizado en el ámbito regional. A finales del año pasado, los estados miembros de la Organización de los Estados Americanos actuando en el marco de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), adoptamos un Mecanismo de Evaluación Multilateral, de carácter intergubernamental, que constituye un instrumento objetivo y equilibrado para evaluar las singularidades del problema mundial de las drogas en la región.

Este mecanismo se basa en los principios de respeto a la soberanía, a la jurisdicción territorial y al orden jurídico interno de los Estados, así como de reciprocidad, responsabilidad compartida, carácter integral y equilibrio en el tratamiento del tema.

La evaluación está siendo realizada por un grupo integrado por expertos gubernamentales de cada uno de los Estados miembros de la OEA, que dispone de información proporcionada por los gobiernos, a través de un cuestionario basado en indicadores de progreso que abarcan todas las manifestaciones del problema: producción, tráfico ilícito, consumo, lavado de dinero, fabricación y tráfico ilícito de armas de fuego, entre otras, así como los costos que representa para los gobiernos el combate a dicho flagelo.

Los gobiernos han acompañado sus respuestas al cuestionario con un informe nacional sobre la situación en su territorio, ilustrativo de los logros y dificultades enfrentadas, así como las áreas de acción en las que la cooperación debería ser fortalecida.

Esperamos que la primera ronda de evaluación que realizará el grupo de expertos del MEM culmine el próximo mes de diciembre, a fin de que los resultados sean presentados a la Cumbre de las Américas, a celebrarse en la ciudad de Quebec, Canadá, en el año 2001.

De esta forma, estamos realizando un ejercicio de reflexión de los resultados regionales en la lucha contra el problema de las drogas, que permite un análisis ponderado y en su contexto apropiado. Invitamos a la Organización de las Naciones Unidas a tener en cuenta los beneficios de este Mecanismo, con miras a un desarrollo futuro de esquemas similares a nivel mundial.

Señora presidenta,

A continuación me propongo presentar unos comentarios en mi calidad de representante de Colombia, con el objeto de destacar algunos aspectos de particular interés para mi país, en relación con el problema de las drogas en esta era de la globalización.

La globalización en su conjunto, sigue generando actitudes contrapuestas: grandes expectativas respecto a sus beneficios, pero también mucha ansiedad en cuanto a sus riesgos. La ampliación de los mercados mundiales ha facilitado el mayor movimiento de personas, bienes y servicios. Pero también ha facilitado el mayor movimiento de estupefacientes, armas pequeñas y operaciones bancarias ilícitas, origen de muchos de las tragedias que hoy afligen a muchas naciones, entre ellas la nuestra.

Mientras las drogas se produjeron y consumieron en comunidades locales de los Andes, el Medio oriente o el sudeste asiático, formando parte de una tradición cultural, o se consumieron en barrios bohemios del mundo occidental, asociadas a corrientes intelectuales de moda, no representaron un gran peligro para la sociedad. Se convirtieron en amenaza solamente cuando desbordaron su entorno local y, por así decirlo, se "globalizaron", empleando los circuitos comerciales, financieros, de transporte y comunicaciones de nuestra época.

Para Colombia, un país orgulloso de su democracia y sus tradiciones en el concierto de América Latina, la globalización del problema de las drogas ha generado efectos devastadores e incalculables. Por este motivo, hemos tenido que combatir manifestaciones abiertas de corrupción y formas violentas de acción contra la sociedad, dirigidas por bandas armadas de traficantes de drogas. Miles de colombianos han perdido su vida al servicio del Estado, las fuerzas de seguridad, la justicia, el periodismo, la moral pública.

El dinero producido por este negocio ilícito llegó a ejercer un atractivo especial para un gran sector de la población, que cedió a su devastadora capacidad corruptora, presionada en algunos casos por la pobreza y, en otros, atraído por el ascenso fácil en las escalas del poder hasta invadir la propia esfera política.

Sin embargo, en la última mitad de la década de los 90, ocurrió en Colombia un cambio trascendental y muy significativo, que puede presentarse ante el mundo como un verdadero éxito en la lucha contra la droga. La sociedad colombiana adoptó una nueva actitud frente a este fenómeno. Los narcotraficantes dejaron de gozar del reconocimiento que antes disfrutaban y fueron estigmatizados, como debe ser. Este cambio de actitud enterró la "cultura" del dinero fácil que estas organizaciones delictivas pretendieron imponernos. Y hoy día, continuamos combatiendo estos delitos con renovado impulso. Cómo quisiéramos que estos cambios pudieran producirse, con su propio alcance, del lado de las sociedad narco-consumidoras. La complacencia y la tolerancia con esa "cultura " del consumo tienen que modificarse sustancialmente.

El segundo aspecto que quería mencionar es el de la globalización en el comercio de las armas pequeñas. Es un comercio que viene proliferando en medio de la indiferencia de muchos países fabricantes y exportadores, y el perjuicio evidente para países en desarrollo afectados por conflictos sociales y enfrentamiento políticos de diverso orden.

En Colombia, grupos insurgentes que durante muchos años actuaron en apartadas regiones del país, se vieron fortalecidos en los últimos años por el desplazamiento de los cultivos ilícitos hacia nuestro territorio, el clima de violencia generado por conflictos sociales y sus nexos con el mercado internacional de armas pequeñas. El resultado ha sido el conflicto armado que hoy día padece nuestro país, y que ha producido un elevado número de víctimas y personas desplazadas de sus hogares. Una combinación de dos efectos perversos de la globalización: el tráfico de drogas y el tráfico de armas.

Dada la magnitud de este fenómeno a escala mundial, es fácil entender que sobrepasa la capacidad de un país para enfrentarlo solo. Y que los esfuerzos de cada país representan un aporte al bienestar colectivo de la comunidad internacional en su conjunto. Por ello, el presidente Andrés Pastrana ha expresado claramente que lograr la paz en Colombia contribuirá a solucionar el problema mundial de las drogas.

Con estas palabras no pretendemos oponernos a la globalización. Tenemos el convencimiento de que así como padecemos algunos efectos, podemos organizarnos para aprovechar sus beneficios. Uno de esos beneficios es la capacidad de los gobiernos de "globalizar" la acción conjunta contra este problema mundial. En la Asamblea Extraordinaria sobre Drogas de 1998, adoptamos un compromiso de acción que descansa sobre el principio de la responsabilidad compartida, y que implica dos cosas:

1. El reconocimiento de que ningún país está a salvo de las manifestaciones de este problema - producción, consumo, comercialización, lavado de dinero, fabricación de precursores, acción delictiva asociada, etc., y

2. El compromiso de actuar en común contra las diversas manifestaciones, incluida la solidaridad con aquellos países que, como el nuestro, requieren el apoyo de la comunidad internacional. Una solidaridad que cobra especial sentido cuando es practicada por los países vecinos.

Por ello, deseo concluir expresando el reconocimiento de mi gobierno a los países amigos, organismos de Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales, que han apoyado nuestros esfuerzos en el pasado y han manifestado su deseo de acompañar el proceso de paz y de erradicación de cultivos en que nos hemos empeñado. Contamos entre ellos al PNUFID cuyo director ejecutivo ha visitado en varias oportunidades nuestro país, conoce muy de cerca la realidad nacional y está brindado una valiosa ayuda a nuestro pueblo.

Muchas gracias, señora Presidenta.

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