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Plenario

(Nueva York, 22 de Octubre de 2001)

Intervención del Representante Alterno de Colombia, S.E. el Embajador Nicolás Rivas, Tema 28: Cultura de Paz.

 

Señor Presidente,

Comienzo esta intervención dando un especial agradecimiento al Secretario General por la elaboración y presentación del documento A/56/349 que contiene un amplio informe sobre la cultura de paz.

La decisión unánime de la Asamblea General de las Naciones Unidas de proclamar el año 2000 como el Año Internacional de la Paz, así como éste el decenio de la cultura de la paz, señaló un derrotero de lo que debía ser el comienzo de este nuevo milenio: uno en el que la cultura de paz y de rechazo a la violencia se abra paso frente a la guerra y la intolerancia.

El mundo reclama hoy más que nunca en la historia de la humanidad, amedrentada por innumerables conflictos armados, por el terrorismo, por el tráfico ilícito de drogas y armas, por el crecimiento del fenómeno de desplazamientos de población, por la miseria y la violencia contra los niños y las mujeres, una cultura de paz sustentada en los valores y en los principios de libertad, justicia, orden y democracia.

Es necesario entonces, una cultura que permita acudir siempre al diálogo y a la negociación pacífica para la solución de los conflictos; una cultura que nos permita aprender a vivir juntos; una cultura basada en el respeto a la vida y la promoción y práctica de la no violencia por medio del diálogo, la cooperación y la educación.

No cabe duda que el progreso hacia el pleno desarrollo de una cultura de paz se logra por medio de valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida propicios para el fomento de la paz entre las personas y las naciones.

Señor Presidente:

La educación por su capacidad para inculcar los principios y los valores en la mente de los hombres y mujeres de todas las razas, constituye en un pilar fundamental para edificar una cultura de paz sobre bases de justicia, democracia, equidad, igualdad, solidaridad y libertad.

Permítame recordar que la Primera Conferencia General de la UNESCO celebrada en el año de 1946, señaló que la educación constituye el instrumento clave para edificar una paz duradera. Y fue mediante una iniciativa colombiana y con el apoyo de la UNESCO, que la Organización de Estados Americanos realizó en octubre de 1999 un encuentro de expertos gubernamentales para diseñar un Programa sobre Educación para la Paz en el Hemisferio, el cual reconoció que la educación es uno de los pilares fundamentales para promover la paz, prevenir los conflictos, reducir la violencia y permitir el desarrollo y el bienestar de nuestros pueblos.

La implementación de este Programa implicó comenzar a inculcar en la población de nuestros países, valores, conocimientos, creencias, actitudes y comportamientos que conduzcan al fortalecimiento de una cultura política, democrática y de paz.

Señor Presidente:

A fin de lograr el objetivo de crear una sólida y verdadera cultura de paz, es preciso adelantar una campaña activa de educación y formación en los valores. Una campaña que conlleve la elaboración de programas de capacitación de docentes y la inclusión en los planes de estudio de todos los centros de educación básica y superior de temas relativos a la paz, los derechos humanos, la enseñanza de la no violencia, y la promoción de valores como la democracia, la educación cívica, y la tolerancia, entre otros.

Pero también desempeñan una función clave en esta campaña de educar para la paz, y de promocionar una cultura de paz, los padres, los maestros, los políticos, los periodistas, los grupos religiosos, quienes realizan actividades científicas, filosóficas, creativas y artísticas, los trabajadores de actividades humanitarias, los trabajadores sociales, que ejercen funciones directivas y las organizaciones no gubernamentales, pues a todos nos compromete esta labor formativa para construir un mundo donde impere la paz.

Señor Presidente:

Para crear una cultura de paz, como propósito prioritario de las tareas que debe emprender la Organización, es preciso eliminar todas las formas de discriminación e intolerancia; promover el desarrollo de los derechos humanos y las libertades fundamentales; fortalecer las instituciones democráticas y la garantía de la participación plena en el proceso de desarrollo; la erradicación de la pobreza y el analfabetismo y la reducción de las desigualdades entre las naciones y dentro de ellas; la promoción del desarrollo económico y social sostenible; el respeto, la promoción y la protección de los derechos del niño; la eliminación de todas las formas de racismo y la promoción de la tolerancia y la solidaridad entre todas las civilizaciones, los pueblos y las culturas y el respeto pleno del derecho de todos los pueblos a la libre autodeterminación.

Señor Presidente:

Colombia celebró la movilización mundial lograda por la UNESCO durante el Año Internacional de la Cultura de Paz. La campaña "Cultivemos la Paz" dejó innumerables beneficios, así como la colaboración a ella prestada por las redes de asociados institucionales de la UNESCO, las organizaciones de las Naciones Unidas y otras organizaciones.

Sea esta la ocasión para destacar las numerosas actividades sociales y educativas que ha venido promoviendo el gobierno de mi país para hacer efectivo el mandato de la paz contemplado en la Carta de las Naciones Unidas, y en particular, para crear una verdadera conciencia entre los colombianos sobre el tema. Logramos movilizar a todos los ciudadanos a fin de lograr un mandato para poner fin a la violencia a través del voto por la paz.

En efecto, hace tres años diez millones de ciudadanos le otorgaron al Presidente de la República un mandato claro y preciso: buscar la paz mediante una solución política al conflicto interno. El gobierno de Colombia, en cumplimiento de ese mandato, se ha comprometido con una política de paz sustentada en la convicción de que la solución negociada del conflicto interno es condición esencial para darle bases sólidas y amplias a la paz.

Así mismo, el gobierno de mi país se ha vinculado activamente en el desarrollo de un centro mundial de investigaciones y capacitación para la solución de conflictos con la colaboración de la Universidad para la Paz. El objetivo de este Centro es ofrecer un foro para el intercambio de experiencias para la elaboración de nuevos planteamientos de consolidación de la paz y solución de conflictos, así como para facilitar un intercambio continuo entre los gobiernos y la sociedad civil de otros países que padecen un conflicto violento y prolongado.

Igualmente, como parte de la celebración del Año Internacional de la Cultura de Paz, más de doce millones de colombianos firmaron el Manifiesto 2000. Por él se comprometieron a poner en práctica los principios de una cultura de paz y la no violencia en su vida cotidiana.

Además, mediante el programa "Haz Paz" que lidera en Colombia la Primera Dama de la Nación se ha diseñado una política de Estado para reconstruir el tejido social de la familia y de las comunidades para prevenir, detectar y atender a las víctimas de la violencia intrafamiliar. Con ello, se parte del supuesto de que "la paz empieza por casa".

Nuestro sueño sigue siendo que cese la violencia en Colombia, y queremos que las voces de los niños tengan un eco en el proceso de paz, y que su sufrimiento y valentía, así como el de todos aquellos que padecen los efectos de la guerra, contribuyan a la construcción de una nación donde impere la cultura de la paz.

Señor Presidente:

El compromiso esencial de la Organización de promover una cultura de paz en todas sus esferas es ahora más pertinente que nunca.

La cultura de la paz ofrece a las generaciones futuras valores que podrán ayudarles a decidir su destino y a construir una sociedad más justa, humana, libre y próspera, y un mundo más pacífico.

Concluyo Señor Presidente, afirmando que el compromiso de mi país con la paz es inequívoco. Reiteramos que la paz significa crear las bases para una sociedad donde impere la justicia social, la igualdad, la participación y la democracia. Una sociedad donde se logre restaurar la institución de la familia y donde se reconozcan los derechos y libertades de los ciudadanos.

Así pues, para consolidar la paz es necesario incorporarla a nuestro comportamiento como seres humanos y a nuestra propia realidad. Y como lo ha declarado la UNESCO, "puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz".

Muchas gracias".

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