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Primera Comisión

(Nueva York, 9 de Octubre de 2001)

Intervención del Embajador Camilo Reyes, Representante Permanente de Colombia ante los Organismos de Naciones Unidas en Ginebra, en el Debate General de la Primera Comisión.

 

Señor Presidente:

Permítame en primer lugar felicitarlo a usted y a los demás miembros de la Mesa por su merecida elección para dirigir los trabajos de la Comisión Primera en este período de sesiones de la Asamblea General, así como agradecer a su antecesor y demás miembros de la Mesa del año anterior por la excelente labor que realizaron. Estamos seguros que usted, Embajador Erdos, por su amplia experiencia en los asuntos de desarme y seguridad internacional, presidirá con sabiduría y equilibrio nuestras sesiones. Cuenta para ello con una excelente Mesa Directiva, cuyos miembros también merecen nuestro más amplio voto de confianza.

Señor Presidente:

Colombia se une al pronunciamiento que realizó el Embajador Valdés, Representante Permanente de Chile, en nombre de los países miembros del Grupo de Río. Sin embargo con esta intervención desea precisar y ampliar su posición nacional respecto de varios temas de la agenda de esta Comisión que resultan de particular interés para nuestro país.

Coincidimos plenamente en que la barbarie y la dimensión de los actos de terrorismo internacional que ocurrieron en esta ciudad y en otros lugares de los Estados Unidos el pasado 11 de septiembre hacen necesario el fortalecimiento de la seguridad internacional. Si bien el tema ha venido siendo tratado por la Comisión Sexta durante los últimos años y por el Plenario de la Asamblea General durante las últimas dos semanas, Colombia cree que esta Comisión Primera debe realizar un importante aporte a la eliminación de este problema que hoy se ha convertido en la más grave amenaza a la paz y la seguridad.

Además de la ratificación y aplicación de las doce Convenciones sobre la materia por parte de todos los Estados Miembros de la Organización, así como de la Resolución 1373 para prevenir y reprimir la financiación de los actos de terrorismo internacional, que Colombia apoyó como miembro del Consejo de Seguridad, a esta Comisión le corresponde realizar un importante aporte para la prevención, el combate y la eliminación de los actos terroristas.

La dimensión de los atentados terroristas contra el pueblo y el gobierno de los Estados Unidos, a quienes hemos expresado nuestra más sentida condolencia y solidaridad, pone de presente la inquietante posibilidad de que en cualquier lugar del mundo se repita esta destrucción masiva. Ello hace que adquieran particular importancia temas de nuestra agenda como la Convención sobre Armas Bacteriológicas y Tóxicas, la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales de Efectos Indiscriminados, o la aplicación de la Convención sobre Armas Químicas.

Debemos insistir en un llamado a la adhesión universal a estas convenciones, en la prohibición explícita del uso de estas armas de destrucción masiva, en la restricción del desarrollo de nuevas tecnologías para estas armas y, por supuesto, en asegurarnos que las armas químicas y bacteriológicas que ya existen no caigan en manos de terroristas. La mejor garantía para ello es su total eliminación. Los países que poseen armas químicas deben proceder a destruirlas en cumplimiento de la Convención y presentar planes detallados sobre este proceso de destrucción. También debemos avanzar en la inclusión de nuevas armas en el ámbito de aplicación de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales y en la adopción de nuevos protocolos sobre la materia. En cuanto se refiere a la Convención sobre Armas Bacteriológicas, seguimos a la espera de que el Grupo Ad Hoc se ponga de acuerdo respecto del protocolo de verificación.

Señor Presidente:

Si los avances en materia de estas armas de destrucción masiva no han sido satisfactorios, tampoco lo han sido los logros en el área de las armas de destrucción masiva por excelencia: las nucleares. La totalidad de la comunidad internacional no ha adherido aún al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares y al Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, bases fundamentales para avanzar en el desarme nuclear. Ahora más que nunca resulta crucial que la comunidad internacional, en su conjunto, asuma sus responsabilidades frente a estos tratados.

En este aspecto de la proliferación de las armas de destrucción en masa y sus vectores, Colombia reitera su convencimiento de que su total eliminación es la mejor manera de lograr la paz y la seguridad internacionales. Rechazamos doctrinas obsoletas como la de disuasión o novedosos pero peligrosos conceptos como el de las alianzas estratégicas, ya que se basan en la fuerza o la amenaza del uso de la fuerza. Seguimos creyendo que el desarme general y completo bajo un control internacional eficaz no es una utopía sino una necesidad que se hace cada vez más imperiosa ante los nuevos desafíos a la paz y la seguridad internacional.

Por eso nos preocupa particularmente que la Conferencia de Desarme, foro fundamental para su negociación, no haya podido llegar a un acuerdo sobre su programa de trabajo. Es una alarmante señal el que después de tres años de parálisis la Conferencia no haya podido trabajar en los asuntos que todos reconocemos como substanciales y prioritarios para la seguridad internacional. Sólo se logró, por medio de la Decisión 1646, continuar en labores que deberían impedir un ulterior deterioro en un órgano de vital importancia para todos.

Señor Presidente:

Hay dos temas de la agenda de esta Comisión Primera que para Colombia, en razón del conflicto interno que atraviesa, resultan fundamentales. Ellos son la aplicación de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonal y el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras. En ambos temas nos complace registrar avances fundamentales, aunque sin duda aún quede un largo camino por recorrer.

Los resultados de la Tercera Conferencia de Estados Partes de la Convención de Ottawa sobre la Prohibición del Empleo, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersonal y sobre su Destrucción, realizada en Managua el mes pasado, muestran una marcada reducción en las exportaciones de estos artefactos y en el número de países que los producen, un importante aumento en el número de minas destruidas y una significativa reducción del número de víctimas. Sin embargo resulta urgente alcanzar la universalización de la Convención vinculando a quienes hoy son los más importantes productores de este tipo de minas.

En cuanto al comercio ilícito de armas pequeñas y ligeras, Colombia tuvo el honor de presidir la Conferencia de la Naciones Unidas sobre el Tráfico Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras en Todos sus Aspectos que se realizó en esta ciudad el pasado mes de julio. Como Presidente de la Conferencia soy testigo de primera línea del nivel de compromiso y responsabilidad de todas las delegaciones para lograr la adopción del Programa de Acción para Prevenir, Combatir y Eliminar el Tráfico Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras en todos sus Aspectos, y de la flexibilidad y entereza de algunas delegaciones para que eso fuera posible.

En este resultado fue fundamental la labor de la Comisión Preparatoria de la Conferencia y de algunos vicepresidentes de la Conferencia que facilitaron el consenso como el Embajador Dos Santos de Mozambique, el Embajador Weston del Reino Unido y el Embajador Sood de la India. También merece especial reconocimiento el Embajador Donowaki del Japón, quien presidió el segmento de alto nivel y quien ha dedicado muchos años de su exitosa carrera diplomática a un tema de tanta trascendencia para el mundo, y particularmente para países como Colombia que son víctimas de este flagelo. Igualmente la Secretaría General, y concretamente el Embajador Dhanapala y su equipo de colaboradores del Departamento de Asuntos de Desarme, cumplieron un papel fundamental para el éxito de la Conferencia que como Presidente me corresponde destacar y agradecer en nombre propio y de todas las delegaciones.

El Plan de Acción aprobado por nuestra Conferencia logró reconocer un problema de dimensiones globales, lo diagnosticó y le otorgó la necesaria prioridad en la agenda internacional; además el Plan de Acción constituyó un mapa sobre el terreno que debemos recorrer e identificó la ruta que los Estados, la sociedad civil y la comunidad internacional deben seguir para lograr el objetivo que nos hemos fijado.

Ahora debemos avanzar en la plena instrumentación de las medidas adoptadas por el Programa de Acción en los planos nacional, regional y global, en la cooperación internacional y la asistencia que requieren los Estados para aplicarlas, y en el seguimiento de la Conferencia.

Señor Presidente:

Mi delegación, conjuntamente con las delegaciones de Africa del Sur y Japón, ha decidido presentar a la consideración de este foro, un proyecto de resolución sobre el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras, por medio de la cual se busca no sólo sumar el apoyo político de la Asamblea General al Programa de Acción, que fue aprobado por consenso, durante la Conferencia celebrada en julio pasado, sino empezar su desarrollo y aplicación en el ámbito multilateral.

Este proyecto de resolución ha sido redactado utilizando lenguaje de consenso proveniente del Programa de Acción mismo o de las más importantes resoluciones sobre el tema, aprobadas durante los últimos años. El proyecto, cuyos detalles tendré la oportunidad de explicar detenidamente durante las reuniones de copatrocinadores que se han programado para ésta semana, plantea, entre otros, el tema de la convocatoria de la Conferencia de revisión y de las reuniones bienales; hace un llamado a los Estados, a las organizaciones internacionales, a las organizaciones no gubernamentales y a la sociedad civil para que comiencen a tomar las medidas necesarias para lograr la aplicación del Programa de Acción; y los invita a que, conjuntamente con el Secretario General, movilicen los recursos y las capacidades indispensables para la promoción del Programa y para la asistencia a los Estados que lo requieran en sus procesos de aplicación nacional.

Señor Presidente:

Permítame terminar reiterando el llamado que hice al comenzar esta intervención de Colombia en el debate general de la Primera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Debemos aprovechar el consenso que hoy existe en Naciones Unidas sobre el total rechazo al terrorismo internacional para avanzar en los asuntos de desarme y no proliferación, de manera que evitemos que los terroristas tengan acceso a armas de destrucción masiva.

Muchas Gracias.

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