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Primera Comisión

(Nueva York, 10 de Octubre de 2002)

Intervención del Embajador Alfonso Valdivieso, Representante Permanente de Colombia, Debate General de la Primera Comisión.

 

Señor Presidente:

Permítame en primer lugar felicitarlo a usted y a los demás miembros de la Mesa por su merecida elección para dirigir los trabajos de la Comisión Primera en este período de sesiones de la Asamblea General, así como agradecer a su antecesor y demás miembros de la Mesa del año anterior por la excelente labor que realizaron. Estamos seguros que usted, Embajador Kiwanuka, por su amplia experiencia en las Naciones Unidas, presidirá con sabiduría y equilibrio nuestras sesiones.

Permítame también agradecer al Subsecretario General para Asuntos de Desarme, Jayantha Dhanapala su importante intervención al comienzo de este debate general, así como la dedicación y apoyo continuo que él y el personal del Departamento de Desarme le prestan al trabajo de esta Comisión y a la causa del desarme y la seguridad internacional.

Señor Presidente:

Colombia se une al pronunciamiento que realizó el Representante Permanente de Costa Rica, en nombre de los países miembros del Grupo de Río. Sin embargo con esta intervención desea precisar y ampliar su posición nacional respecto de varios temas de la agenda de esta Comisión que resultan de particular interés para nuestro país.

En el debate general del año pasado, cuando aún sentíamos en toda su dimensión los actos de terrorismo internacional que ocurrieron en esta ciudad y en otros lugares de los Estados Unidos, Colombia propuso a esta Comisión Primera realizar un importante aporte a la eliminación de este problema que hoy se ha convertido en la más grave amenaza a la paz y la seguridad. Citamos entre otros temas de nuestra agenda que adquirían particular importancia la Convención sobre Armas Bacteriológicas y Tóxicas, la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales de Efectos Indiscriminados, y la aplicación de la Convención sobre Armas Químicas.

Hacemos un nuevo llamado para la adhesión universal a estas convenciones, la prohibición explícita del uso de estas armas de destrucción masiva, la restricción del desarrollo de nuevas tecnologías para estas armas y, por supuesto, para asegurarnos que las armas químicas y bacteriológicas que ya existen no caigan en manos de terroristas. Volvemos también a insistir en que la mejor garantía para ello es su total eliminación. Los países que poseen armas químicas deben proceder a destruirlas en cumplimiento de la Convención y presentar planes detallados sobre este proceso de destrucción. También debemos avanzar en la inclusión de nuevas armas en el ámbito de aplicación de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales y en la adopción de nuevos protocolos sobre la materia. En cuanto se refiere a la Convención sobre Armas Bacteriológicas, es fundamental que este año se avance en un acuerdo respecto del protocolo de verificación.

Señor Presidente:

Si los avances en materia de estas armas de destrucción masiva no han sido satisfactorios, tampoco lo han sido los logros en el área de las armas de destrucción masiva por excelencia: las nucleares. La totalidad de la comunidad internacional no ha adherido aún al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) y al Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (TPCEN), bases fundamentales para avanzar en el desarme nuclear. Ahora más que nunca resulta crucial que la comunidad internacional, en su conjunto, asuma sus responsabilidades frente a estos tratados.

Colombia lamenta el poco avance que se logró este año en el Comité Preparatorio de la Conferencia del Revisión del TNP del 2005 y expresa la urgencia de lograr la plena aplicación de las Trece Medidas sobre Desarme Nuclear incluidas en el documento final de la Conferencia de revisión del TNP del 2000.

En este aspecto del desarme y la no proliferación de armas nucleares y sus vectores, como en el de las otras armas de destrucción masiva, Colombia reitera su convencimiento de que su total eliminación es la mejor manera de lograr la paz y la seguridad internacionales. Rechazamos doctrinas como la de disuasión, la que plantea nuevos usos para las armas nucleares o la de las alianzas estratégicas, ya que se basan en la fuerza o la amenaza del uso de la fuerza. Seguimos creyendo que el desarme general y completo bajo un control internacional eficaz no es una utopía sino una necesidad que se hace cada vez más imperiosa ante los nuevos desafíos a la paz y la seguridad internacional.

Por eso nos preocupa particularmente que la Conferencia de Desarme, foro fundamental para su negociación, no haya podido llegar a un acuerdo sobre su programa de trabajo. Es una alarmante señal que a lo largo de ya cuatro años de parálisis, la Conferencia no haya podido trabajar en los asuntos que todos reconocemos como substanciales y prioritarios para la seguridad internacional.

En medio de este difícil contexto, Colombia saluda y destaca tres hechos positivos que se han presentado durante el último año: primero, el Tratado de Moscú y la Declaración Conjunta sobre una Nueva Relación Estratégica entre los Estados Unidos y la Federación Rusa, segundo, la decisión de Cuba de adherirse al Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares, así como de ratificar el Tratado de Tlatelolco que complementará el primer régimen desnuclearizado en una zona habitada del mundo, y tercero, el acuerdo sobre establecimiento de una Zona Libre de Armas Nucleares en Asia Central.

Señor Presidente:

Hay dos temas de la agenda de esta Comisión Primera que para Colombia, en razón del conflicto interno que atraviesa, resultan fundamentales. Ellos son la aplicación de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonal y el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras. En ambos temas nos complace registrar avances fundamentales, aunque sin duda aún quede un largo camino por recorrer.

Los resultados de la Cuarta Conferencia de Estados Partes de la Convención de Ottawa sobre la Prohibición del Empleo, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersonal y sobre su Destrucción, muestran que continua una marcada reducción en las exportaciones de estos artefactos y en el número de países que los producen, un importante aumento en el número de minas destruidas y una significativa reducción del número de víctimas. Sin embargo, resulta urgente alcanzar finalmente la universalización de la Convención vinculando a quienes hoy son los más importantes productores de este tipo de minas.

En cuanto al comercio ilícito de armas pequeñas y ligeras, las cifras suministradas por el "Small Arms Survey" de 2002 son elocuentes en cuanto a la dimensión del problema y sus alcances para la paz y la seguridad internacionales. Ya hay 639 millones de estas armas en el mundo y el 60% (255 millones) son ilícitas. Durante la década de los 90 con estas armas se ha dado muerte a casi 4 millones de civiles, en su gran mayoría mujeres y niños, y se han desplazado decenas de millones de personas, también en su mayoría mujeres y niños. Por eso el Secretario General ha afirmado con razón que en la realidad del mundo actual, las armas pequeñas y ligeras son verdaderas armas de destrucción masiva.

Mañana el Consejo de Seguridad realizará una reunión abierta sobre la función del Consejo en la tarea de prevenir, combatir y erradicar el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras. Se debatirá el informe presentado por el Secretario General sobre armas pequeñas en desarrollo de la Declaración Presidencial aprobada el 31 de agosto del 2001, cuando Colombia ejerció la Presidencia del Consejo. Invitamos a todos los Estados Miembros a participar en este debate sobre el tema en cuanto tiene que ver con las funciones del Consejo de Seguridad.

En el ámbito de la Asamblea General Colombia tuvo el honor de presidir la Conferencia de la Naciones Unidas sobre el Tráfico Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras en Todos sus Aspectos y desde el año pasado, junto con Japón y Sudáfrica, presenta el proyecto de resolución sobre la materia. También participamos activamente en el Grupo de Expertos Gubernamentales establecido con el fin de realizar un estudio sobre la posibilidad de desarrollar un instrumento internacional para identificar y rastrear armas pequeñas y ligeras.

Este año el proyecto de resolución convoca para julio del 2003 la primera de las dos reuniones bienales de revisión del Programa de Acción acordado en la Conferencia, decide considerar pasos para mejorar la cooperación internacional contra los intermediarios ilícitos de estas armas, y alienta la cooperación técnica y financiera para promover la aplicación del Programa de Acción. Para Colombia este último tema resulta fundamental, ya que hasta hoy el mundo desarrollado no ha cumplido la totalidad de los compromisos asumidos en la Sección III del Programa sobre cooperación y asistencia internacionales.

Invitamos a todos los Estados Miembros a copatrocinar este proyecto de resolución y a avanzar en la plena instrumentación de las medidas adoptadas por el Programa de Acción en los planos nacional, regional y global, en la cooperación internacional y la asistencia que requieren los Estados para aplicarlas, y en el seguimiento de la Conferencia.

Señor Presidente:

Permítame terminar expresando compromiso de Colombia con la agenda de desarme, no proliferación y seguridad internacional que adelanta esta Comisión Primera, y reiterar nuestro convencimiento en que solo un enfoque multilateral y de responsabilidad compartida en estos temas nos permitirá mantener la paz y la seguridad internacionales y realizar un importante aporte a la lucha global contra el terrorismo.

Muchas Gracias.

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