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Segunda Comisión

(Nueva York, 7 de Octubre de 2003)

Intervención de la Ministra Consejera Patricia Davila de Navas, en el Debate General de la Segunda Comisión

 

Señor Presidente:

En primer lugar, deseo felicitarlo, tanto a usted, como a los demás miembros de la Mesa, por su elección para dirigir nuestros debates en el actual período de sesiones. Deseo, igualmente, ofrecerle nuestra colaboración y apoyo para el desempeño de sus importantes tareas. A su antecesor expresamos nuestros agradeciemientos por la destacada gestión que supo realizar bajo su mandato. Igualmente, hacemos llegar nuestro reconocimiento al señor Nittin Desai, por el compromiso y dedicación con que impulsó la agenda del desarrollo durante los años en los que tuvo a su cargo la Subsecretaría de Asuntos Económicos y Sociales.

Damos la bienvenida a José Antonio Ocampo, exministro de economía colombiano, y quien viene de dirigir la CEPAL, cuyo nombramiento como Subsecretario de Asuntos Económios y Sociales es motivo de orgullo para nosotros. Nuestra delegación se une a las intervenciones hechas previamente por la Representación del Perú, a nombre del Grupo de Río, y por la Representación de Marruecos, a nombre del Grupo de los 77 y China.

Señor Presidente:

Nuevamente, durante el año que termina, ha correspondido a las economías en desarrollo desempeñarse en un contexto global marcado por complejidades e incertidumbres. La economía mundial no ha superado de manera integral la desacelaración comenzada hace dos años y las corrientes comerciales y de inversión muestran un crecimiento limitado. Lo anterior ha repercutido en las economías en desarrollo, afectando sus posibilidades de enfrentar los desafíos económicos y sociales que encierra la actual conyuntura internacional.

Como han destacado ya algunas Representaciones, la inversión extranjera directa en los países en desarrollo tiende a disminuir. La América Latina se ha convertido, actualmente, en exportadora neta de recursos financieros. A ello se suma la acentuación de la tendencia a decrecer que vienen mostrando los precios internacionales de los productos básicos, entre ellos algunos productos agrícolas que como el café, son clave para varios de nuestros países. Millones de campesinos en países del Asia, del Africa y de la América Latina y el Caribe, dependen directamente de la producción cafetera, o de los procesos internos de industrialización y comercialización del grano.

Los ingresos de estas familias han sido severamente disminuidos debido a que durante los ultimos años el precio del café ha sido determinado de manera exclusiva por las fuerzas del mercado, las cuales han generando una caída sin precendentes en la historia de sus precios internacionales. Fenómenos como este, y la falta de mercados para productos agrícolas alternativos, comprometen nuestra decisión de erradicar la pobreza rural, y crean obstáculos para nuestros esfuerzos por frenar el éxodo de la población campesina a las ciudades, y por detener el crecimiento de los cultivos y la economía ilícita. Fenómenos como este contribuyen a que, en contravía de nuestro compromiso por vencer el desafío global de la pobreza, en un marco de austeras reformas fiscales y apertura económica, el índice de pobreza en la América Latina y el Caribe sea actualmente del 40%, y a que las proyecciones de crecimiento económico de la región para el presente año no superen el 1.5%, de acuerdo con recientes estimaciones de la CEPAL.

A pesar de los bajos precios internacionales, los consumidores continúan pagando precios altos en los países desarrollados. Como medida indispensable para superar esta crisis del mercado internacional del café, los países consumidores y productores estan llamados a estrechar los lazos de cooperación, fortaleciendo mecanismos de diálogo como los que ofrece la Organización Mundial del Café.

Sobre nuestras economías recaen también costos adicionales, como los derivados de la lucha contra fenómenos globales, tales como el problema mundial de las drogas ilícitas. Desde muy atrás, las acciones de nuestra política anti-drogas vienen requiriendo crecientes recursos presupuestales, que de otra manera serían destinados al desarrollo social. En el último año Colombia redujo en 30% la producción de drogas ilícitas, como ha destacado la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas. A través de programas ambientales y de desarrollo sostenible hemos recuperado amplias zónas de bosques afectadas por los cultivos ilícitos. Estos logros nos enorgullecen. No obstante, bajo el criterio de la responsabilidad compartida debemos equilibrar las asimetrías que se dan en la lucha contra este flagelo. Hay que redoblar los esfuerzos para disminuir el consumo, controlar la produción y el desvío de precursores químicos, e intensificar la cooperación para impedir que recursos financieros ilícitos sean "lavados" a través de su ingreso al sistema bancario global. La Declaración del Milenio reitera la necesidad de "luchar contra el crimen transnacional en todas sus dimensiones". Estamos comprometidos con este objetivo, el cual se ha tornado aún más apremiante, no sólo porque el problema mundial de la droga incide en nuestra capacidad de impulsar el desarrollo, sino por el vínculo que este tiene con el terrorismo. Un mundo libre de drogas será sin duda un mundo más seguro y con mejor acceso a la prosperidad económica.

Señor Presidente:

Las asimetrías existentes, -que en algunos países y regiones se acentúan como consecuencia de la globalización-, y que han sido captadas de manera profunda por el Subsecretario de Asuntos Económicos y Sociales en su presentación de ayer, son aprovechadas por los movimientos terroristas. Por ello el desarrollo está llamado a convertirse en instrumento decisivo de la agenda de seguridad de la comunidad internacional. Es necesario reforzar la cooperación entre nuestros países en un marco de equidad, procurando el aporte constructivo del mundo en desarrollo en el proceso de toma de decisiones monetarias y financieras globales, y fortaleciendo las reglas multialterales del comercio internacional. Ello implica adquirir compromisos seguros para la reducción sustancial, de acuerdo con cronogramas prestablecidos, de las ayudas internas y subvenciones que distorsionan el comercio, y mejorar en forma significativa las condiciones de acceso a los mercados. De acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional, si se eliminaran las barreras tarifarias y no tarifarias al comercio, así como la política de subsidios, la economía global crecería en 120 billones de dólares, suma que multiplica los presupuestos de ayuda al desarrollo y alivio de deuda, beneficiando en forma efectiva a los países de ingresos bajos y medios.

La falta de resultados en la Reunión Ministerial de la OMC en Cancún no debe impedir que los Estados miembros miren con determinación el futuro de las negociaciones en Ginebra. Ante todo es necesario tener en cuenta, como ha señalado oportunamente el Secretario General, Koffi Annan, que la falta de resultados en Cancún no representa el fracaso de la Ronda de Doha. Reiteramos nuestro compromiso con unas negociaciones que incorporen nuestra preocupación por el desarrollo, y consideramos que ha llegado el momento de que los países con mayores posibilidades económicas adquieran mayores obligaciones. Sobre esta plataforma podremos avanzar hacia formas de relación más equitativas y favorables al desarrollo. Estamos a mitad de camino y debemos realizar todos los esfuerzos para acercar las posiciones y buscar avances en la negociación, sin descartar incluso una nueva conferencia ministerial, cuando estén dadas las condiciones para ello. Un fracaso de la Ronda de Doha sería perjudicial para nuestros países y la economía global.

Señor Presidente:

En el transcurso de un año en el que las Naciones Unidas debieron atender asuntos impostergables en el campo de la seguridad y la paz internacionales, la Segunda Comisión adoptó por consenso la resolución 57-270 B, sobre la implementación y seguimiento de los compromisos adquiridos en las Conferencias y Cumbres económicas y sociales realizadas en la última década. Esta resolución, junto con los resultados de la reunión de finales de este mes para el seguimiento del Consenso de Monterrey, el encuentro de primavera con las instituciones de Bretton Woods y la OMC, y el Plan de Acción de Johanesburgo sobre desarrollo sostenible, definen en buena parte el horizonte para la acción de las Naciones Unidas en el corto y mediano plazo, y ratifican su liderazgo para promover y alcanzar las metas de desarrollo del Milenio. Las iniciativas específicas concertadas en favor de los países menos desarrollados, los países insulares y los países sin litoral deben ocupar un lugar prioritario en el conjunto de nuestras acciones.

Muchas gracias.

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