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Primera Comisión

(Nueva York, 12 de Octubre de 2004)

Intervención de la Embajadora María Angela Holguín, Representante Permanente de Colombia, en el Debate General de la Primera Comisión

 

Señor Presidente:

Permítame en primer lugar felicitarlo a usted y a los demás miembros de la Mesa por su elección para dirigir los trabajos de la Comisión Primera en este período de sesiones de la Asamblea General. Como conocemos el compromiso que su país tiene con la causa del desame general y completo, así como sus calidades profesionales y personales, estamos seguros que usted, Señor Presidente De Alba presidirá con sabiduría y equilibrio nuestras sesiones.

Colombia se une al pronunciamiento que realizó la delegación de Brasil en nombre de los países miembros del Grupo de Río. Sin embargo con esta intervención desea precisar y ampliar su posición nacional respecto de algunos temas de la agenda de esta Comisión que resultan de particular interés para nuestro país.

Señor Presidente:

Permítame antes hacerle un llamado a esta Primera Comisión para que recupere el papel político que le corresponde en desarrollo de los artículos 11 y 13 de la Carta de la ONU. Esta necesidad se hace cada año más evidente ante la parálisis de la Conferencia de Desarme, que ya ha cumplido 8 años sin llegar a un acuerdo sobre su programa de trabajo respecto, y ante la suspensión que se presentó este año en la Comisión de Desarme por la ausencia de consenso respecto de los nuevos temas que de su agenda.

Pero para que esta Comisión recupere el protagonismo político que está llamada a desempeñar en materia de desarme, no proliferación y seguridad internacional es necesario que renovemos nuestro apego al multilateralismo y a un enfoque de responsabilidad compartida que nos permita pasar de la confrontación a la cooperación. En este espíritu mi delegación hace un llamado para que las iniciativas para mejorar nuestros métodos de trabajo sean evaluadas por sus méritos y su conveniencia, no por los Estados o grupos de Estados que las proponen. Debemos ser capaces de llegar a un consenso para avanzar en este tema con el cuidado y la determinación que nos exigen las difíciles circunstancias por la que atraviesa la agenda de desarme y no proliferación. Tenemos que preservar este único foro multilateral que aún funciona en la materia y a la vez renovarlo. Solo así podremos demostrar que el multilateralismo sí puede ser efectivo y responder a los grandes desafíos que enfrentan la paz y la seguridad internacionales.

Señor Presidente:

Colombia reitera su apego a la causa del desarme general y completo. Ahora que el terrorismo surge como una nueva y muy grave amenaza a la paz y la seguridad internacionales, reiteramos que sólo la total eliminación de las armas de destrucción masiva asegurará que no caigan en manos de terroristas.

Por eso mantenemos nuestro firme compromiso con todos los instrumentos multilaterales de desarme y no proliferación, particularmente en cuanto se refiere a las armas de destrucción masiva por excelencia: las nucleares. Un instrumento jurídico de gran importancia en esta materia es el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (TPCEN). Colombia firmó el tratado en 1996 y siempre ha actuado de conformidad con su espíritu, reiterando en todos los foros internacionales su total compromiso con el objeto del tratado como instrumento para lograr el desarme general y completo. En las Conferencias de Facilitación para la entrada en vigor del tratado planteamos la necesidad de identificar y propiciar medidas de facilitación específicas para casos como el de Colombia, donde existe la voluntad política de ratificar pero existen dificultades insalvables de orden constitucional y legal para hacerlo. Seguimos a la espera de una solución que nos permita ratificar este tratado a la brevedad posible.

Señor Presidente:

Entre los temas de la agenda de esta Primera Comisión que este año han tenido una importante evolución está el de la Relación entre Desarme y Desarrollo. A solicitud de la Asamblea General se constituyó un Grupo de Expertos Gubernamentales con el fin de reevaluar la relación entre desarme y desarrollo en el contexto internacional contemporáneo. El informe del Grupo (A/59/119) enfatiza la función central de la seguridad, los costos y consecuencias de los gastos militares, la liberación de recursos para el desarrollo, la importancia del multilateralismo y el papel central que tiene en este tema las Naciones Unidas.

En este informe se afirma que, después de varios años consecutivos de reducciones durante la década del 90, los gastos militares mundiales han empezado otra vez a aumentar. Durante el 2003 el gasto militar mundial fue de cerca de 900.000 millones de dólares, lo que representa el 2,6% del producto bruto mundial, y se espera que este año alcance los 950.000 millones de dólares. El contraste entre los gastos militares en que incurre el mundo, particularmente los países de ingreso alto, y el subdesarrollo económico y social, la miseria y la pobreza en que vive la gran mayoría de la humanidad debe ser suficiente razón para reavivar en todo el mundo el interés por el tema de la relación entre desarme y desarrollo.

Para un país como Colombia resulta fundamental el papel que este informe le otorga a la seguridad en los planos individual, nacional, regional e internacional, tanto para el desarme como para el desarrollo. El terrorismo y la violencia, que cada año causan decenas de miles de muertos en nuestro país y nos cuestan 5,8% de nuestro Producto Interno Bruto, están siendo enfrentados con una política de seguridad democrática que ya ofrece resultados contundentes. Somos conscientes que sólo recuperando la seguridad ciudadana podremos proyectar nuestro desarrollo económico y liberar para la inversión social gran parte de los recursos que hoy debemos invertir en la recuperación del imperio de la ley en todo el territorio nacional.

Pero no basta nuestro esfuerzo nacional. Además de mayor asistencia para el desarrollo y de un entorno internacional favorable para la financiación del desarrollo y para la exportación de nuestros productos, requerimos mayor cooperación en la lucha contra el problema mundial de las drogas ilícitas, que financia la violencia y el terrorismo en Colombia; mayores controles al tráfico mundial de armas pequeñas y ligeras, que siguen sembrando muerte y desplazamiento de personas en Colombia; y mayor compromiso mundial para dejar de producir y comerciar minas anti-personal, que matan y mutilan a nuestros soldados y niños. Sólo así podremos reemplazar el miedo y la inseguridad por la paz y el desarrollo.

Registramos nuestra complacencia por las 4 nuevas ratificaciones a la Convención de Ottawa que se han registrado este año, elevando el número de Estados Parte a 143. Insistimos en la urgencia de alcanzar finalmente la universalización de la Convención, vinculando a quienes hoy son los más importantes productores de este tipo de minas. Condenamos la fabricación y uso indiscriminado de minas por parte de actores no estatales y urgimos a la comunidad internacional a evitar que esto suceda. Consideramos fundamental que las instituciones financieras internacionales y regionales provean los recursos necesarios para las costosas y urgentes labores de desminado alrededor del mundo.

Señor Presidente:

Colombia intervendrá más extensa y puntualmente cuando se realicen los debates temáticos sobre la relación entre desarme y desarrollo, sobre minas antipersonales y particularmente, sobre el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras, en el que este año nos ha correspondido coordinar el proyecto de resolución de seguimiento al Programa de Acción que cada año presentamos junto con Japón y Sudáfrica, así como con el copatrocinio de más de cien países.

Muchas Gracias.

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