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Segunda Comisión

(Nueva York, 5 de octubre de 2010)

Intervención de la Embajadora Claudia Blum, Representante Permanente de Colombia ante las Naciones Unidas, Debate General de la Segunda Comisión

 

Señora Presidente:

Colombia se asocia a la declaración presentada por Yemen en nombre del Grupo de los 77 y China, así como a la intervención de Chile en nombre de los países del Grupo de Río.

Permítame felicitarlo a Usted y a los demás miembros de la Mesa por su elección. Reciba, así mismo, los votos de confianza y la disposición de mi delegación para contribuir al éxito en la dirección de las labores de la Segunda Comisión.

Señora Presidente:

Tiempos como el actual, en que las dificultades económicas prevalecen a escala mundial y se suman a las permanentes urgencias del desarrollo, exigen solidaridad y soluciones incluyentes en las que podamos participar todas las naciones.

Este es un hecho que fue reconocido por los líderes de los Estados Miembros hace dos semanas, durante la Cumbre dedicada a renovar el compromiso y acelerar las acciones con miras a la realización de los ODM en 2015. Quedó claro que todos los países estamos dispuestos a aportar lo que nos corresponde de acuerdo a los distintos niveles de desarrollo, y no hay tiempo de evadir responsabilidades.

Como lo indicó nuestro Presidente Juan Manuel Santos en su declaración ante la Asamblea General, no es momento de dar la espalda a la cooperación. Hacerlo perjudicaría a todos. Incluso más, a los países industrializados.

Reflexionaba en esa ocasión sobre "¿Qué espacio económico, distinto al mundo en desarrollo, está disponible para satisfacer las necesidades de la humanidad en las décadas por venir?". Porque, en efecto, es en el mundo en desarrollo donde existen las sociedades con jóvenes entusiastas en edad de trabajar, los mercados del futuro y todo el dinamismo que necesitan las naciones maduras.

El reconocimiento de esta interdependencia global debe guiar los esfuerzos de una comunidad internacional responsable, con miras a avanzar en la recuperación económica, hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y la prosperidad colectiva.

Señora Presidente:

Los temas en el programa de trabajo de la Comisión reflejan los desafíos mundiales más sobresalientes y ofrecen oportunidades para promover las acciones conjuntas que demanda el mundo.

Sin embargo, si queremos impulsar contribuciones visibles, es imperativo que adelantemos una reflexión sobre el papel de este Órgano en el marco de la Asamblea General y su relación con otros foros de las Naciones Unidas y el ámbito multilateral.

Por ejemplo, temas tan relevantes como la biodiversidad, la lucha contra el cambio climático y los asuntos macroeconómicos, presentan el triple reto de evitar duplicidades, asegurar coherencia y aportar valor agregado en relación con el trabajo que tiene lugar en el marco de los acuerdos ambientales multilaterales, las Instituciones de Bretton Woods o la Organización Mundial de Comercio.

Al tiempo, la lentitud en el avance de esos procesos explica el porqué la Segunda Comisión se concentra tanto en la negociación de mensajes políticos que a veces resultan repetitivos.

Va una década desde el inicio del trabajo del Convenio de Diversidad Biológica sobre el régimen internacional de acceso y distribución de beneficios, sin tener certeza sobre la conclusión del Protocolo al respecto que debe adoptarse este mes en Nagoya. En el caso del cambio climático, después de tres años del Plan de Acción de Bali y a escaso tiempo para el vencimiento del primer período de cumplimiento del Protocolo de Kyoto, se reducen las probabilidades de un régimen vinculante que evite vacíos de implementación. Y en cuanto al comercio, la Ronda de Doha cumplirá nueve años sin tener un final a la vista.

Teniendo en cuenta que los actores en esos espacios y en la Segunda Comisión somos básicamente los mismos, resulta conveniente preguntarnos: ¿Qué podemos aportar además de mensajes políticos dirigidos a nosotros mismos? ¿Cómo podemos ayudar a la consolidación de un espíritu internacional constructivo y creativo en la esfera del desarrollo? Desde la perspectiva de Colombia, existen varias alternativas para facilitar contribuciones más concretas y transformar la Segunda Comisión en un auténtico espacio de cooperación internacional para el desarrollo:

1. Promover el diálogo intergubernamental informal y una mayor articulación de los niveles político y técnico frente a asuntos complejos, con el apoyo de la Secretaría y entidades del sistema como PNUMA, UNESCO o UNCTAD.

2. Identificar y asignar en cada tema mandatos específicos para organismos del sistema ONU que, como el PNUD, tengan capacidad operativa de fomentar acciones de cooperación en el terreno frente a retos actuales.

3. Otorgar mayor prioridad a las discusiones sobre actividades operacionales para el desarrollo, incluidas la cooperación Sur-Sur y triangular.

4. Concentrar los esfuerzos en el impulso de la agenda del Milenio y la erradicación de la pobreza de manera transversal, para cada tema del programa.

5. Aprovechar la Comisión para concretar iniciativas y asociaciones de cooperación, así como facilitar el intercambio de lecciones aprendidas y experiencias exitosas en ese contexto.

6. Y complementar los esfuerzos de cooperación en cuestiones urgentes, como la reconstrucción de Haití y la sostenibilidad de las acciones para su desarrollo de corto, mediano y largo plazo.

Señora Presidente:

Con el optimismo derivado de la transformación positiva de Colombia en años recientes, nos presentamos en esta Comisión a ofrecer el concurso de nuestra experiencia y potenciales. En la lucha continua hacia la consolidación de la seguridad, la democracia, la prosperidad y el desarrollo sostenible, hemos aprendido lecciones significativas que queremos compartir y enriquecer en el intercambio con otros Estados y con el sistema de las Naciones Unidas.

Somos un país megadiverso, con más de 578 mil kilómetros de bosques, con recursos hídricos, producción alimentaria estable, biocombustibles y otras energías renovables. Queremos ser parte de las soluciones a problemas globales.

Eso sí, con un entorno internacional adecuado, solidario, favorable al comercio, favorable a la inversión, favorable al empleo, favorable a la ciencia, la tecnología y la innovación, y que nos permita acceder a los beneficios derivados de la utilización sostenible de nuestra enorme riqueza natural, incluso a través de la adopción del Protocolo ABS en Nagoya.

Al expresar su compromiso con los esfuerzos internacionales para el desarrollo, el logro de los ODM y, sobretodo, la superación de la pobreza y sus consecuencias, Colombia reitera su voluntad de asumir la responsabilidad con nuestro futuro común.

Muchas gracias.

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