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Reunión Pública del Consejo de Seguridad sobre la situación entre el Iraq y Kuwait

(Nueva York, 17 de octubre de 2002)

Intervención del embajador ALFONSO VALDIVIESO, Representante Permanente de Colombia

 

Mi delegación se suscribe a la intervención efectuada por Costa Rica en nombre del Grupo de Río. Agradecemos igualmente las declaraciones que han sido formuladas por tantas delegaciones durante los últimos dos días. Allí tenemos diversas perspectivas sobre el tema que servirán como referencia en las discusiones futuras en el seno del Consejo de Seguridad.

Al reconocer la importancia de este debate general sobre el Iraq, queremos resaltar la centralidad de este foro multilateral para discutir una de las situaciones que más ha ocupado la atención del Consejo de Seguridad en los últimos 12 años. Resaltamos igualmente el especial significado de recurrir a las vías multilaterales para responder de forma adecuada y de manera legítima a temas de interés global. Confiamos en que al final de nuestro intercambio y de las acciones adoptadas, se ratificará al Consejo de Seguridad como el actor central e indispensable para la toma de cualquier decisión internacional con respecto al Iraq.

Colombia participa en la consideración de este tema motivada esencialmente por la necesidad de preservar la vigencia y la efectividad de las Naciones Unidas y del sistema multilateral; por la necesidad de resaltar el papel del Consejo de Seguridad como el garante principal de la paz y la seguridad internacionales; por la necesidad de que todos los Estados Miembros cumplan incondicionalmente con sus resoluciones, y por la necesidad de reafirmar el derecho internacional y los principios generales llamados a permitir nuestra convivencia pacífica.

Somos conscientes de la insatisfacción en la comunidad internacional con la respuesta que históricamente el Gobierno iraquí ha ofrecido a las exigencias del Consejo de Seguridad, luego de los acontecimientos del 2 de agosto de 1990. Hasta hace tan sólo unas semanas, la actitud del Iraq con el Secretario General fue intransigente; sus expresiones sobre el Consejo fueron desafiantes; sus puntos de vista sobre las resoluciones adoptadas no dejaban de sorprender. El Iraq sembró dudas y generó desconfianza en la comunidad internacional, ante lo cual se crearon, a su vez, dudas fundadas sobre la posibilidad de que el Iraq continúe desarrollando programas de armamentos de destrucción en masa.

Valoramos las intenciones del Iraq de cooperar incondicionalmente con la Comisión de las Naciones Unidas de Vigilancia, Verificación e Inspección (UNMOVIC) para el retorno de los inspectores. Reconocemos el avance y los resultados prácticos obtenidos en las negociaciones entre el Director Ejecutivo de UNMOVIC y el Gobierno en Bagdad. Pero advertimos, en el entretanto, que la labor del Consejo de Seguridad y de cada uno de sus miembros habría sido notoriamente simplificada si desde un principio las autoridades en Bagdad hubiesen cooperado incondicionalmente en la aplicación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de conformidad con el Artículo 25 de la Carta.

Para la comunidad internacional, resultó bastante evidente que fueron sus señales inequívocas de que se tomarían medidas frente al incumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad, las que condujeron a un cambio de actitud por parte de las autoridades iraquíes. Apoyamos con firmeza la labor tanto del Sr. Hans Blix y su equipo de UNMOVIC, como del Sr. Mohamed ElBaradei del Organismo Internacional de Energía Atómica. Su profesionalismo y su gran capacidad diplomática han sido evidentes durante las últimas semanas. Estamos seguros de que el Consejo de Seguridad continuará contribuyendo a que su gestión permita alcanzar el objetivo del desarme que por más de una década no se ha logrado.

Consideramos indispensable que los inspectores puedan proceder lo más pronto posible a terminar la labor que UNSCOM no pudo completar. Es impostergable que examinen y verifiquen la información que el Gobierno del Iraq debe proporcionar sobre el cumplimiento de las resoluciones del Consejo. Estamos seguros de que habrá inspecciones creíbles, serias, respetuosas, profesionales y firmes, para lo cual se requiere la genuina cooperación por parte de las autoridades iraquíes.

La UNMOVIC, sin embargo, debe hacerse presente en el terreno con un mandato renovado del Consejo de Seguridad que valide sus determinaciones y las ajuste a las nuevas realidades. Para Colombia existen razones políticas y existen también razones legales que hacen necesario definir con precisión, firmeza y claridad los parámetros en la conducción de inspecciones. Esto sería consistente con las afirmaciones del Sr. Blix según las cuales es aconsejable iniciar actividades en el terreno después de que el Consejo se pronuncie.

Nuestro mayor reto es lograr un equilibrio entre, por un lado, la disposición del Gobierno de Bagdad de cumplir con sus obligaciones, y por el otro, la contundencia y determinación que debe mantener la comunidad internacional para impedir la repetición del desafío al cual estuvo expuesto el Consejo en los últimos cuatro años.

Dada la coyuntura actual, es este un momento excepcional -y en cualquier caso, irrepetible- para una nación que debe superar el aislamiento y reincorporarse a la sociedad de naciones en pie de igualdad. Por eso, el mayor reto para el Iraq es comprobar al mundo que no constituye una amenaza para nadie.

El Iraq no sólo tiene problemas relacionados con su potencial capacidad de producir armas de destrucción en masa. Existe una situación humanitaria preocupante para la población iraquí de la que es responsable directo el Gobierno del Iraq. El programa de petróleo por alimentos, que ha sido establecido por el Consejo para responder de manera efectiva a esta situación, ha mostrado resultados favorables a pesar de las dificultades para su aplicación.

Existen además otros asuntos pendientes de resolver satisfactoriamente. Nos referimos a la devolución de bienes de Kuwait por parte del Iraq, especialmente a los archivos nacionales, sobre los cuales se había logrado un compromiso recientemente. Adicionalmente, está el asunto de los prisioneros de guerra y desaparecidos nacionales de Kuwait y de otros Estados. La discusión sobre el retornode los inspectores no debe distraernos de estas obligaciones del Gobierno de Bagdad.

Hace 12 años, cuando se produjo la lamentable agresión e invasión que cometiera el Iraq en agosto de 1990 a Kuwait, Colombia también actuaba como miembro no permanente de este Consejo. En aquella oportunidad, el Iraq desconoció las decisiones del Consejo y debió recurrirse a otros medios que, sin embargo, no lograron su propósito.

Esta vez tenemos una gran confianza en la grandeza política de los actores involucrados, para impedir que entremos en un ciclo político y militar de características similares a las de entonces. Nos corresponde a los miembros del Consejo de Seguridad un aporte fundamental que comienza por hacer los mayores esfuerzos para allanar diferencias y decidir en forma cohesionada, ojalá unánime, sobre el rumbo a seguir para la solución de este crítico conflicto.

Concluyó con dos reflexiones. En primer lugar, invitamos a deslindar el tema de este debate general del de la situación en Medio Oriente, incluida la cuestión palestina. Las motivaciones políticas que inspiran nuestra posición en uno y otro tema difieren sustancialmente.

En segundo lugar, la evolución de esta situación y de otras situaciones en el programa del Consejo no deben distraernos de confrontar el terrorismo internacional que es el más grande de los desafíos del mundo contemporáneo. El terrorismo no descansa y sigue demostrando sus capacidades casi ilimitadas de destrucción y muerte. Debemos seguir enfrentándolo con renovada determinación.

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