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Debate Abierto sobre la situación en Afganistán

(Nueva York, 17 de junio de 2003)

Intervención del embajador LUIS GUILLERMO GIRALDO, Representante Permanente de Colombia

 

Señor Presidente:

La delegación de Colombia expresa su solidaridad con el pueblo afgano, víctima de la violencia endémica y del extremismo religioso, que horadaron sus derechos fundamentales. El pueblo colombiano ha padecido, a su vez, la violencia generada por los grupos armados ilegales y violentos, que se empecinan en sembrar el terror y la muerte para instaurar la anarquía e impedir el desarrollo económico y social a que tienen derecho todos los pueblos del mundo.

Señor Presidente:

Colombia, que adelanta una lucha sin tregua contra las drogas ilícitas y el terrorismo, registra con particular preocupación que en el año 2002 la producción de amapola en Afganistán haya alcanzado tan altos niveles. Conocemos de primera mano la ardua tarea que deberán enfrentar las autoridades afganas para erradicar los cultivos ilícitos, toda vez que a lo largo de los años hemos desplegado ingentes esfuerzos e invertido cientos de millones de dólares en la erradicación de esos cultivos en nuestro país. En el año 2002 logramos revertir la tendencia al aumento de esos cultivos, que por primera vez en la historia registraron una reducción del 30%.

La comunidad internacional ha reconocido que el problema mundial de las drogas y sus delitos relacionados es uno de los más graves flagelos que azotan a la humanidad en nuestros días, así como un desafío de inmensas proporciones. Al problema de salud pública que representa el consumo de drogas ilícitas, con sus trágicas secuelas en la familia y en la sociedad, se suma el inmenso peligro que ésta problemática representa para la seguridad internacional. Drogas ilícitas, lavado de activos y tráfico ilícito de armas constituyen trípode eficaz de la criminalidad internacional. Para enfrentarla, está probado que las acciones desplegadas por las naciones más afectadas resultan insuficientes sí el compromiso de la sociedad internacional toda no se traduce en resultados tangibles que coadyuven, a través de la cooperación internacional, a desvertebrar cada uno de esos extremos.

El problema mundial de las drogas y el terrorismo guardan un nexo cada vez más estrecho, puesto que los grupos terroristas no solo se alimentan de los copiosos recursos que genera la creciente demanda de drogas, sino que participan directamente de este negocio perverso. Lo sucedido en años recientes en Afganistán así lo demuestra. En efecto, los grupos extremistas se fortalecieron financieramente con el producto de la alarmante expansión de los cultivos ilícitos en ese país y del consiguiente tráfico de opio, principalmente hacia Europa.

Por eso, celebramos que el Consejo de Seguridad adopte hoy una Declaración Presidencial, donde se reconocen los vínculos entre estos dos problemas y se destaca el peligro que estas actividades representan para Afganistán, para sus vecinos y para el mundo entero. Acogemos también el llamado que se le hace a los países vecinos y a la comunidad internacional para que intensifiquen la cooperación entre sí en materia de seguridad y control del tráfico de drogas ilícitas, sus precursores y los delitos conexos como el lavado de dinero. Reconocemos la labor de los países que prestan asistencia a Afganistán en su lucha contra el tráfico ilícito de drogas, y destacamos la necesidad de continuarla e intensificarla. Nos unimos al llamado para que el mundo reduzca el consumo de estas sustancias y les ofrezca a los campesinos afganos programas de desarrollo alternativo con mercados abiertos para sus productos.

Señor Presidente:

En repetidas ocasiones la Asamblea General y el mismo Consejo de Seguridad han reconocido los vínculos entre el terrorismo internacional y el tráfico de drogas. En la lucha contra estos graves fenómenos, la comunidad internacional debe asumir de manera decidida su compromiso, en cumplimiento del principio de corresponsabilidad. El problema mundial de las drogas ha trascendido el ámbito de la salud pública y de policía, hasta convertirse en un asunto de seguridad nacional, por su grave incidencia en la estabilidad social, económica y política de las naciones.

Como representante de una nación que ha sido víctima de la perversa alianza entre el terrorismo y el tráfico de drogas ilícitas, quiero hacerle a este Consejo, que reconozco mucho más sabio que mis palabras, una prevención derivada de la experiencia.

Los terroristas no comparten nuestros valores. Para ellos el tráfico de drogas ilícitas es sólo un medio eficaz para financiar sus acciones. En consecuencia, no podemos cejar en nuestro empeño de contener todas las posibles fuentes de financiación del terrorismo, mediante el fortalecimiento de los sistemas legislativos, el efectivo control bancario y el adecuado intercambio de información a nivel internacional, entre otros.

En Colombia se ha hecho evidente la funesta alianza entre terrorismo y tráfico de drogas ilícitas. Las FARC, guerrilla que dice luchar por causas políticas, enfrentaron, inicialmente, a las organizaciones de traficantes de drogas ilícitas, al poco tiempo pasaron a convivir con ellos y a proteger sus sembrados y laboratorios a cambio de una retribución, en dinero o en especie, generalmente armas. Luego, se involucraron en los cultivos ilícitos y no dudaron en seguir avanzando hasta procesar la hoja de coca, para producir la pasta básica. En la actualidad, las FARC refinan la pasta y embarcan la cocaína hacia los destinos de consumo.

Debemos tener siempre presente, en consecuencia, que la asociación y participación de los terroristas en el tráfico de drogas ilícitas es casi inevitable, será mayor con el paso del tiempo y dificultará aún más la tarea de estrangular al terrorismo en sus fuentes económicas.

Señor Presidente:

Todas las formas y manifestaciones del terrorismo son igualmente peligrosas para la paz y la seguridad internacionales. Todos los terroristas comparten objetivos y medios afines. Son contrarios a la democracia, a los derechos humanos, a la tolerancia, a la solución pacífica de las controversias, a la libertad de conciencia y de expresión, entre otros intangibles valores. Por eso sus finalidades son muy parecidas en todo el espacio de nuestra tierra, y por ello sus enemigos somos todos los que compartimos la necesidad absoluta de defender esos valores.

Señor Presidente:

Así como Naciones Unidas enfrentó, con presteza y decisión, el terrorismo de Al Qaeda, tiene ahora la obligación de asumir, y así se lo agradecerá la humanidad, la lucha contra todas las formas y manifestaciones del terrorismo, amenazas graves contra la paz y la seguridad internacionales. Por lo tanto, mi delegación reitera el compromiso de Colombia con la lucha frontal contra el terrorismo y acoge toda iniciativa que contribuya a la erradicación de este flagelo. En este sentido, registramos con el mayor interés la iniciativa recientemente presentada, en este mismo recinto, por el señor Presidente del Gobierno de España, propuesta que podría llevar a la actualización de la Resolución 1373 de 2001, con miras a ampliar el alcance de sus disposiciones y, así, estrechar aún más el cerco que la comunidad internacional viene tendiendo alrededor de todos aquellos que han hecho de la violencia y el terror, una forma de vida.

Muchas gracias.

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Intervenciones 2003