Presidencia | Cancilleria | Naciones Unidas

Español | English

Debate general del segmento humanitario del ECOSOC.

(Nueva York, 30 de junio de 2004)

Intervención del Embajador Nicolás Rivas, Representante Permanente Alterno de Colombia

 

Señora Presidente,

En primer lugar, la delegación de Colombia se asocia a la declaración formulada el día de ayer por su Excelencia, Señor Ahmada Bin Al-Mahmoud, Ministro de Relaciones Exteriores de Qatar, en nombre del Grupo de los 77 y China.

Señora Presidente,

Se advierte, cada vez con mayor agudeza, una creciente polarización de la economía mundial. La pobreza recorre el planeta y se extiende en progresión geométrica, agravada por pandemias que prosperan allí donde las condiciones son más paupérrimas y por catástrofes naturales y emergencias complejas, que menoscaban con mayor vehemencia a la población social y económicamente vulnerable.

Es esa una tendencia que cobra auge y amenaza con erigir una humanidad dual: la una opulenta, con acceso y uso desbordado, y en veces dilapidador, de los recursos y de la más sofisticada tecnología; y la otra, desposeída y desnutrida, iletrada, expuesta con mayor riesgo a enfermedades de contagio y, por ende, con limitada expectativa de vida. De los 6000 millones de habitantes que pueblan la tierra, 2800 millones sobreviven con menos de US $ 2 diarios y 1200 millones de seres humanos lo hacen con US $ 1 al día. El Banco Mundial señala que el ingreso promedio en los 20 países más ricos es 37 veces mayor que el de las 20 naciones más pobres y que el 1 % de la población mundial concentra mayores recursos que el 57 % de la población más pobre. Tan alarmantes estadísticas que se repiten y agudizan año tras año, demuestran que las asimetrías internacionales se están consolidando.

La brecha mundial generada por la desigualdad se ha ensanchado aceleradamente desde el Renacimiento sin que se observe una tendencia opuesta, sino por el contrario un incremento en las más recientes centurias. El Informe sobre desarrollo humano 2003 da cuenta de esa propensión al observar, entre otros tantas mediciones, que en 1820 los ingresos per cápita de Europa occidental equivalían 2,9 veces a los de África mientras que en la década de los noventa esa relación fue 13,2 veces mayor.

En su mensaje, con ocasión de la Reunión Ministerial conmemorativa del cuadragésimo aniversario del Grupo de los 77, el Secretario General puso de presente que el mundo es hoy aún más desigual que hace cuatro décadas, como consecuencia de las secuelas derivadas de las crisis de la deuda, la dependencia monoexportadora de muchos países, el limitado acceso a los mercados de los países desarrollados y otros desequilibrios del régimen del comercio internacional.

A pesar de que la situación de los Países Menos Desarrollados se torna cada vez más dramática y se registra una reducción del grupo mundial de los países de ingresos medios, todo lo cual agrava aún mas la denominada desigualdad global, los compromisos contraidos por la comunidad internacional para remediar esta situación no sólo son insuficientes per se sino que además se ejecutan con rezago o simplemente no se cumplen.

Si bien existe consenso sobre la responsabilidad primaria que corresponde a los propios Estados en la senda hacia el desarrollo y la erradicación de la pobreza en el orden doméstico, como lo plasman inter alia la Declaración y el Programa de Acción para los Países Menos Desarrollos para la década 2001-2010, también hay acuerdo en lo que hace a la urgente necesidad de desplegar decididas acciones internacionales para lograr ese cometido. Tales acciones no pueden limitarse al simple apoyo o acompañamiento, a la provisión de recursos, sino al fomento de la capacidad nacional y a la creación de un genuino entorno económico internacional favorable para la inserción competitiva de las economías de los países en desarrollo.

Es ese espacio de condiciones comerciales y económicas simétricas, de acceso a los mercados de los países desarrollados, de supresión del proteccionismo, en particular del régimen de subsidios en el área agrícola, de reorientación de las políticas internacionales sobre productos básicos, el que, en concepto de mi delegación, propicia de forma efectiva el verdadero desarrollo. La mundialización no puede ser, en consecuencia, compartimentalizada. Si desde los albores de ese fenómeno, fundador de la aldea global, se ha preconizado con insistencia por parte de los Estados desarrollados la liberalización de los mercados resulta poco menos que contradictorio y adverso que esos mismos Estados persistan en la imposición de barreras no arancelarias al comercio que se erigen en muros de contención para los productos de las naciones en vías de desarrollo con el consecuente debilitamiento de economías de suyo frágiles, la erosión del empleo y la perpetuación de la pobreza. No se trata en estas materias de recabar simple solidaridad, sino de aplicar de forma efectiva la corresponsabilidad o responsabilidad compartida. La riqueza no es tal si está circundada por la pobreza. El bienestar estará siempre amenazado si es reducto de pocos y su acceso se torna irrealizable. No en vano la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, adoptada, por la Asamblea General reconoce una dimensión nacional pero también una internacional del derecho al desarrollo.

La ausencia de un entorno internacional favorable no solo agravará la situación de pobreza de los Países Menos Desarrollados, sino que continúa reduciendo el número de los países de ingresos medios, muchos de ellos, marginados también de los beneficios de la mundialización.

Para hacer más flexible y eficaz la financiación para el desarrollo y conjurar los efectos de potenciales crisis nacionales e internacionales, se precisa, a la par con la necesaria movilización de recursos, el fortalecimiento de las organizaciones financieras regionales, el cumplimiento de las metas de la Asistencia Oficial para el Desarrollo, la promoción de la inversión extranjera y el rediseño de la arquitectura financiera internacional.

En la prevención y la solución de los conflictos armados internos, el apoyo y acompañamiento internacional tienen un amplio espacio de acción. Está probado que, además de los efectos nefastos para los derechos fundamentales de las poblaciones afectadas, los conflictos constituyen serios obstáculos al desarrollo. La conformación de un Fondo Multilateral administrado por las Naciones Unidas para cooperar con los Estados en situaciones de conflicto armado interno o que emergen de los mismos, daría estabilidad a la provisión de recursos para favorecer el retorno de la población desplazada y de los refugiados, la reinserción de los ex combatientes, y coadyuvar a sentar las bases de una paz y un desarrollo sostenibles.

Gracias Señora Presidente.

ˆarriba

« regresar

ECOSOC