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"Colombia en la ONU 1945-1995" Por Alvaro Tirado Mejia y Carlos Holguín Holguín

Capítulo VIII: El Problema de las Drogas

 

La droga es uno de los problemas más fuertes de la época contemporánea y por ello no es casual que su problemática se haya convertido en tema de las más importantes reuniones internacionales y que haya sdio llevada a Naciones Unidas por las implicaciones que tiene en el ámbito internacional. En el proceso de la droga, que abarca producción, transformación, transporte, consumo, lavado de dinero y actividades anexas, como tráfico de agentes químicos (los llamados precursores) y tráfico de armas, se ha llegado a la conformación de verdaderas multinacionales de crimen. Todo ello, por supuesto, ha atraído el interés de la comunidad internacional en la medida en que se trata de una problemática de la cual es muy difícil que un país pueda sustraerse.

Lejos estamos de la situación descrita en Memorias del Ministerio de Relacione Exteriores de Colombia de 1963 en la que se revela que el asunto se trató en la Primera Comisión, la cual

" …se ocupo brevemente sobre la fiscalización internacional de estupefacientes, asunto que las Naciones Unidas tienen encomendada al Comité Central Permanente del Opio. El arraigado uso del alcohol que tanto afecta a las clases económicamente débiles de toda sociedad y de manera especial en América Latina, guarda similitud de menor grado social con el hábito ocasionado por los estupefacientes, cuyo examen en las Naciones Unidas , si bien planteado sobre cuestiones de intercambios internacionales, podría derivar útiles enseñanzas encaminadas a moderar las consecuencias sociales del alcoholismo, especialmente en el gremio trabajador pobre; por lo tanto es aconsejable abordar el problema de la toxicomanía en nuestros medios ya que los principales recursos económicos se han destinado a Oriente y Europa."

Veinte años después la situación en Colombia se había modificado profundamente. Los cultivos de marihuana habían crecido mucho y poderosos grupos de delincuentes se habían fortalecido con el tráfico de ese producto y de la cocaína. El enfrentamiento del Estado con esos grupos criminales había motivado una respuesta violenta de éstos que se tradujo en acciones contra miembros del poder judicial y en el asesinato del Ministro de Justicia Lara Bonilla, el 30 de abril de 1984. Estos, que eran asuntos graves pero internos, se complicaban porque en el ámbito internacional empezaba a señalarse a Colombia, como el causante de un flagelo que se iba extendiendo por el mundo. De allí en adelante Colombia tuvo necesidad de acudir a los foros internacionales, y en entre ellos a las más altas instancias de las Naciones Unidas, para mostrar cómo el país era víctima de los efectos del narcotráfico, cómo éste declaraba la guerra a las instituciones estatales, especialmente al poder judicial y cómo Jueces, Magistrados, Ministros, Procuradores, Candidatos Presidenciales, Policías y Soldados caían víctimas del narcotráfico. Pero sobre todo, para hacer entender a la comunidad internacional que se trataba de una modalidad criminal de vastos alcances, con ramificaciones internacionales y que el combate contra la misma no se podía dar en forma maniquea, señalando a Colombia como única culpable. Que la respuesta debería ser múltiple e internacional. A partir de este momento, Colombia ha propuesto en forma insistente el tema del narcotráfico en las Naciones Unidas y por boca de sus embajadores, sus Ministros de Relaciones Exteriores y sus Presidentes. Veamoslo:

En su intervención ante la Asamblea General del 25 de septiembre de 1984, el Ministro de Relaciones Exteriores, Augustor Ramirez Ocampo, dedicó un espacio importante al tema en un capítulo que denominó "El narcotráfico contra la paz ". Recordó que el 10 de agosto de ese año en la ciudad de Quito los Presidentes de Bolivia, Venezuela, Ecuador y Colombia y los Vicepresidentes de Nicaragua y Panamá declararon el tráfico y el uso de estupefacientes amenazaban la salud de los pueblos, condicionaban su desarrollo y eran "constante peligro de subversión". Por ello era necesario que las Naciones Unidas convocaran a una conferencia internacional especializada y que declararan el narcotráfico como un delito universal. Manifestó que para combatir el narcotráfico se deberían desarrollar acciones a escala mundial y crear un fondo de ayuda para los países productores "… que a grandes costos están empeñados en erradicarlos".

La intervención del Ministro Ramírez Ocampo en el año siguiente, el 23 de septiembre de 1985, tenía un tono pesimista y de reproche por el desinterés internacional sobre el tema:

"…Vivimos en sorpresa recientemente que los países desarrollados se hubieran abstenido de apoyar al propuesta del Secretario General de invitar a una reunión de plenipotenciarios para tratar el tema del narcotráfico, con el dudoso argumento del costo financiero. Queremos dejar constancia de que nuestra posición al respecto es de apoyar cualquier iniciativa que se tome en tal sentido porque el tráfico atenta contra la integridad del hombre."

Pocos días después de la intervención del Ministro, un grupo guerrillero se tomó el Palacio de Justicia en Bogotá, que era la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Como producto de la toma violenta de la guerrilla y de la respuesta del ejército para recuperar el Palacio, éste quedó destruído por un incendio y la mitad de los Magistrados murieron, así como decenas de personas. Bajo el impacto, el representante de Colomiba en la Tercera Comisión de la Asamblea General, Emilio Lébolo, hizo una intervención sobre narcotráfico, en especial sobre sus efectos violentes en Colombia. Comenzó por recordar una frase del asesinado Ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, en el sentido de que la erradicación del narcotráfico era responsabilidad de todos. Manifestó el apoyo del Gobierno colombiano al proyecto de convenio contra el tráfico de estupefacientes, asi como a la iniciativa del Secretario General de convocar a una conferencia de las Naciones Unidas sobre fiscalización del uso indebido de drogas como crimen contra la humanidad. Manifestó que Colombia "es el país que ha realizado los máximos esfuerzos para luchar contra el tráfico de drogas. Gracias a la acción emprendidia en esta esfera, entre el 1 de enero de 1984 y el 30 de junio de 1985 se decomisaron enormes cantidades de droga, se captruaron muchas personas y extraditaron a algunas de ellas". Con relación a la violencia colombiana, recordó que se estaba desarrollando un proceso de paz para integrar a los insurgentes, pero mostró cómo el M19, grupo que había efectuado la acción violenta contra el Palacio de Justicia.

"…No ha respetado los acuerdos de paz y se ha dado por objetivo perturbar el orden y destruir las instituciones con ayuda de la mafia internacional del tráfico de drogas…Resulta claro que las instituciones colombianas han sido amenazadas por el terrorismo y los traficantes de drogas. Colombia no cesará, sin embargo, de perseguir los dos objetivos constituidos por la pacificación del país y la eliminación del tráfico de drogas".

Poco tiempo después de su posesión como Presidente, Virgilio Barco (1986-1990), se dirigió por primera vez ante la Asamblea General y dedicó algunas consideraciones al narcotráfico. Recordó los esfuerzos que estaba realizando Colombia, con grandes costos económicos y en víctimas humanas, e hizo énfasis en otro aspecto del problema como es el del consumo que está fundamentalmente ubicado en los países desarrollados. Dijo el Presidente Barco:

"Para que esta lucha tenga éxito, es indispensable que los países en donde se registran los mayores consumos de estas degradantes sustancias, pongan en práctica programas coordinados para penalizar y desalentar el consumo y el comercio de este tipo de drogas. Aquí, al igual que en otros campos de batalla solidaria contra la delincuencia, resultan imperativos el entendimiento y la coordinación de todas las naciones civilizadas".

En la Comisión Tercera de la Asamblea General de 1986, el Embajador Jaime Castro insistió sobre los aspectos internacionales del narcotráfico y en la necesidad de que éste fuera tratado como un delito internacional. Según él, se hacia necesaria la complementariedad entre los países para combatirlo en forma paralela en todos los frentes, " a saber, la producción, el tráfico y el consumo". Así mismo, la óptica del análisis del problema se beneficiaría de un enfoque global en el que se tuvieran en cuenta los factores sociales, económicos, culturales y políticos que respaldan al narcotráfico y la narcodependencia. Recordó que en las Naciones Unidas había escenarios excepcionales para adoptar definiciones y políticas frente a la droga: el proyecto de Convención Internacional contra el Tráfico Ilíicito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas y la Conferencia Internacional sobre el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas (ICDAIT), a celebrarse en el año 1987. Mostró que el marco de las Naciones Unidas es el adecuado para tratar estos asuntos porque "…El problema tiene una dimensión universal. Hasta hace pocos años, interesó sólo a pocos países y se concentró en algunas regiones, pero actualmente afecta a cerca de las dos terceras partes de los Estados miembros de las Naciones Unidas."

En el mes de junio de 1987 se celebró en Viena, la Conferencia Internacional sobre Uso Indebido y Tráfico Ilícito de Drogas, en la cual se hizo énfasis en las soluciones globales y se aprobó la Convención contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas. En la Tercera Comisión de la Asamblea General de aquel año, se analizaron los resultados de la Conferencia de Viena y como resultado se hizo énfasis en las soluciones globales. Muchas delegaciones reconocieron que sus países se veían afectados por problemas de drogadicción y narcotráfico, entre ellas varias delegaciones africanas. Los países del Pacífico, en especial Nueva Zelandia y Fiji, se mostraron alarmados por el creciente uso de su territorio como lugar de tránsito de estupefacientes. La Unión Soviética también reconoció su creciente problema. "Sólo los Estados Unidos se mostraron tercamente reticentes a reconocer su condición de consumidor y las responsabilidades que de ella se derivan."

El Embajador Permanente de Colombia, Enrique Peñalosa, hizo uso de la palabra durante la Asamblea General de 1987 para anotar que después de la Conferencia Mundial de Viena la retórica de había sido reemplazada por el reconocimiento de la responsabilidad que todos tenemos en combatir la drogadicción y el narcotráfico. Mostró los costos sociales que para Colombia implicaba la lucha que estaba adelantando contra el narcotráfico; los recursos tenían que dirigirse hacia ese frente en vez de ser invertidos en áreas sociales y en luchar contra la pobreza. Pero, sobre todo, recordó que el consumo era una parte fundamental en este proceso y expresó:

"…Seguimos preocupados con la asociación psicológica del problmea de las drogas al exclusivo aspecto de la producción y el tráfico, ya que es el consumo el gran generador del problema y todos los esfuerzos que se hagan por disminuirlo contribuirán más eficazmente a la lucha en que estamos embarcados, que todos los esfuerzos por controlar la producción y el transporte."

El carácter universal, globalizante y en todos los eslabones del fenómeno fue enfatizado ante la Asamblea General del mismo año por el Ministro de Relaciones Exteriores, Julio Londoño Paredes, quien señaló que la cruzada contra las drogas era un asunto de la humanidad que no podía ser desarrollada con éxito por un país o grupo de Estados; lo que se requiere es "una acción internacional concentrada que cubra el fenómeno integralmente, en sus diferentes fases de producción, consumo y control de los recursos provenientes de este disolvente tráfico."

El discurso colombiano había evolucionado de acuerdo con la nueva comprensión del fenómeno de las drogas. Cada vez quedaba más claro, y casi nadie lo impugnaba, que el narcotráfico era un fenómeno internacional compuesto de varias fases en las cuales se involucraban diferentes personas o grupos de Estados y que, como en todos los aspectos de la economía de mercado, el consumo y la producción eran elementos de una misma ecuación. Así mismo, que el negocio de la droga no se circunscribía a este producto, pues ligado a él florecían el tráfico de armas y el de otros elementos. Por ello el discurso tendiente a ubicar el responsable o causante en un solo país o región, o en una sola fase del proceso, estaba superado. Colombia, el país que ha tenido desde hace varios decenios una situación de violencia de diferente índole, conocía muy bien esa ligazón entre el comercio de drogas y tráfico de armas. La intervención del Ministro Londoño Paredes durante la Asamblea General de 1998, dedicó algunos apartes a dlucidadr estos aspectos del negocio de la droga y a ligarlo con el terrorismo y el tráfico de armas. Manifestó que el frágil proceso de desarrollo de los países del Tercer Mundo debía enfrentar un cúmulo de problemas entre los cuales estaban:

"…La situación que registran por la presencia de fenómenos desestabilizadores como el narcotráfico y el terrorismo. Una de nuestras grandes preocupaciones al respecto es la forma como los miembros de estos grupos disponen de recursos para combatir la legalidad y las instituciones democráticas. El aberrante y absurdo tráfico de armas, que tiene lugar sin control efectivo a lo largo de y ancho del mundo, sirve para introducir elementos perturbadores con gravísimas consecuencias para los países que deben soportar estos fenómenos o para aquellos gobiernos democráticos y populares que pretenden ser desestabilizados mediante la intervención de otros en los asuntos internos. La hipocresía universal se pone en manifiesto cuando se analiza esta materia, pues en ocasiones los mismos que se dicen defensores de la paz y la seguridad, son quienes suministran armas a los que luchan contra ellas en otras partes del mundo. Con frecuencia, ciertos fabricantes de armas estimulan los aspectos comerciales de este tráfico y el mundo entero, sin excepciones, es víctima de un absurdo que se ampara fundamentalmente en intereses económicos y en codicia privada."

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El 29 de septiembre de 1989, el Presidente Virgilio Barco se dirigió a la Asamblea General en un discurso que tituló " La Lucha Internacional contra el Narcotráfico no es un Guerra de Palabras". Y en verdad que no lo era. El Gobierno colombiano estaba verticalmente enfrentado contra los carteles de la droga y éstos habían desatado su guerra al Estado con atentados, masacres, asesinatos de jueces y políticos y con acciones terroristas. En aquella ocasión, el Presidente Barco fue ovacionado por la Asamblea General en reconocimiento a su valor para enfrentar el narcotráfico y sus expresiones terroristas. Tal como él lo expresó, la comunidad mundial estaba siendo atacada por una organización criminal internacional que no tiene patria y para la cual las leyes no existen. Si la comunidad de naciones no actuaba unida contra ese flagelo, el uso de la droga y la violencia que ella apareja, avanzarían. "Estoy seguro que Colombia derrotará a los narcotraficantes. Pero si este esfuerzo no está acompañado por un compromiso global, no se podrá lograr la victoria definitiva". Para Colombia no se trataba de una guerra de palabras y muchos colombianos, incluyendo al candidato presidencial del Partido Liberal, Luis Carlos Galán, habían sido asesinados por su firme compromiso contra el narcotráfico. Fenómenos como el del tráfico de drogas y el terrorismo, afectan a los países individualmente pero también se constituyen en un poderoso enemigo que trasciende las fronteras. Por eso, la lucha debe ser internacional, y para ello propuso el Presidente Barco los siguientes puntos:

1- Es indispensable atacar eficazmente la demanda de las drogas ilícitas y las ganancias que producen. Por mucho que se ataque la producción, el negocio continuará si no se actúa contra la demanda. "Así ocurrió con la marihuana. Cuando se volvió demasiado costoso para los comerciantes del vicio trasladaron sus cultivos a California, Hawai y muchas otras regiones. La única ley que los traficantes no violan es la ley de la oferta y la demanda."

2- Las drogas ilegales no son inocuas, bien sea que se consuman en tugurios o en las fiestas de los ricos y éste es un mensaje en el cual debemos insistir.

3- Debe existir la cooperación internacional para detener el comercio ilegal de productos químicos que son esenciales para la producción de droga.

4- Se debe actuar contra el mercado internacional de armas que ésta ligado al comercio de narcóticos, "…el año anterior Colombia presentó ante las Naciones Unidas una resolución haciendo un llamado para que se impusieran restricciones a la venta de armas, pero desafortunadamente no fue posible alcanzar un consenso entre los países sobre ese asunto. No podemos seguir esperando pasivamente mientras ese comercio de la muerte progresa. La adopción de medidas especiales para reducir y controlar la venta de armas a los narcotraficantes y a los terroristas es indispensable."

5- Colombia ve con mucha preocupación la actividad de mercenarios extranjeros que han ayudado a narcoterroristas en Colombia y la comunidad internacional debe condenar esa asociación mortal, entre narcotráfico, terrorismo y mercenarios.

6- La cooperación internacional es esencial para lograr el control del lavado de dinero pues los carteles de la droga dependen del sistema financiero internacional en lo relacionado con transferencia de ganancias.

7- Todos los países deben ratificar prontamente la Convención de Viena.

8- Colombia propone dos iniciativas internacionales:

a) Convocar a una sesión especial de la Asamblea General dirigida a discutir todos los aspectos del problema de la droga y

b) Establecer a nivel ministerial, un Grupo Internacional de Trabajo sobre el Problema de las Drogas, para coordinar la acción internacional.

Para atender la propuesta colombiana se celebró en Nueva York, entre el 20 y el 23 de febrero de 1990, la "Asamblea Extraordinaria sobre la Cooperación Internacional contra la Producción, la Oferta, la Demanda, el Tráfico y la Distribución Ilícitas de Drogas Narcóticas y Sustancias Psicotrópicas". En nombre del Gobierno de Colombia, comenzó el debate el Ministro de Relaciones Exteriores, Julio Londoño Paredes, con un agradecimiento a la Asamblea Por la acogida favorable que había dado la propuesta del Presidente Barco respecto a la convocatoria de la sesión extraordinaria que se estaba celebrando. Expresó que la década de los ochentas se había caracterizado por una ausencia de liderazgo en el tratamiento de la delicada materia del narcotráfico y que la lucha contra el mismo se había concentrado exclusivamente en un pequeño número de países en vía de desarrollo, los cuales veían simultáneamente decrecer sus ingresos y deteriorar sus economías por el tratamiento discriminatorio e injusto que se les daba a sus productos de exportación. Impugnó la idea de que la acción contra el narcotráfico debía circunscribirse al aspecto de la producción pues de nada "servirá la lucha decidida y aún heróica de algunos países en la represión del tráfico y procesamiento de narcóticos, si al mismo tiempo no se actúa contra la exportación de productos químicos precursores; si no se reprime y se desalienta el consumo, si no se vigila el transporte de insumos y productos básicos para su fabricación; si no se controla adecuadamente la producción de materia prima; si no se actúa eficazmente contra funcionarios y autoridades civiles, militares y policivas corruptas que en algunas naciones favorecen con su acción u misión el tránsito de narcóticos y precursores; si no se actúa legalmente contra los bienes y se impide el lavado de dinero proveniente de esas actividades; si no se coopera cabalmente con los Estados que están dando la lucha y si no se da un tratamiento justo y equitativo a las economías de los países en desarrollo más afectados pro la producción y el procesamiento".

La cooperación internacional debe implicar acciones tendientes al fortalecimiento de nuestras economías, procediendo los países industrializdos a eliminar las barreras arancelarias y los subsidos que afectan nuestros productos básicos de exportación. Los Estados Unidos, " …el primer consumidor mundial de narcóticos del mundo, ha reconocido la inmensa responsabilidad que le compete en esta lucha hasta hace poco tiempo se adjudicaba a un país o a un pequeño grupo de países productores o procesadores." Como consecuencia, se ha reconocido que el problema del narcotráfico es global y se han reconocido también, los efectos negativos sobre las economías de los países andinos.

Como resultado de esta reunión, la Asamblea aprobó por consenso la "Declaración Política y Programa Mundial de Acción" (A/S-17/AC.1/ L3) encaminada a adoptar estrategias de alcance integral y multidisciplianario , incluídas las medidas para eliminar la demanda ilícita de estupefacientes, los cultivos ilícitos y el tráfico ilícito de drogas y para evitar la utilización abusiva de los sistemas financieros y bancarios. Igualmente, se adoptó un Plan de Acción para que los países consumidosres establecieran también programas orientados a la disminución de la demanda y los países productores combatieran la oferta de estas sustancias, teniendo en cuenta los efectos económicos y sociales que tal política podía causar. Así mismo, el Plan se dirigía a coordinar los esfuerzos de todos los gobiernos en este campo.

En septiembre de 1989, Gran Bretaña intentó llevar el tema del narcotráfico a las sesiones formales del Consejo de Seguridad . Para ese efecto elaboró un proyecto de resolución "Draft Security Council Resolution on the effect of International Drug Trafficking on International Peace and Security", según el cual la habilidad de los carteles internacionales de la droga para intimidar y corromper funcionarios por el uso de la fuerza, incluyendo la muerte, constituye una seria amenaza para lo Estados y para la paz regional e internacional.

La Delegación colombiana se opuso a la inclusión de este asunto en la Agneda del Consjeo de Seguridad y propuso que el tema fuera tratado en la Asamblea General como en ocasiones anteriores, pues no obstante su importancia, se trataba de algo que no ponía en peligro la paz y la seguridad internacionales. Por otra parte, dejar un tema como éste en manos del Consejo de Seguridad podía implicar el que se atentara contra la soberanía de estos Estados señalados como parte del problema y el que se justificara el envío de tropas extranjeras para controlar la producción o distribución de narcóticos. Colombia promovió entonces un proyecto de resolución para convocar a una sesión especial de la Asamblea General sobre "Cooperación Internacional contra la Producción, Oferta y Demanda, Tráfico y Distribución de Drogas Ilícitas", el cual tuvo la aceptación del CAUCUS, que el grupo que reúne informalmente a los países No Alineados miembros del Consejo de Seguridad.

Menos de dos meses después de sus posesión como Presidente de Colombia, Cesar Gaviria (199-1994), se dirigió a la Asamblea General, el 26 de septiembre de 1990. Cesar Gaviria había llegado a la Presidencia después de una sangrienta campaña presidencial en la que habían sido asesinados tres precandidatos presidenciales y herido de gravedad otro de ellos, Ernesto Samper, quien sucedería a Gaviria en la Presidencia. Los narcotraficantes, en respuesta a la persecusión entablada contra ellos por el Estado y a la guerra que les había declarado el Presidente Barco, había acudido el terrorismo e incluso a acciones demenciales, como el sabotaje a un avión comercial. Por eso, al dirigirse a la Asamblea, el Presidente Gaviria hizo una enumeración de todos esos acontecimientos de los que la sociedad colombiana era víctima y que habían convertido a "… Colombia, sin duda en la Nación que ha pagado el más alto precio en esta lucha." Hizo alusión a la lucha que el país desarrollaba contra el narcotráfico y al hecho de que la mayor parte de la cocaína capturada y destruida en el mundo lo había sido por autoridades colombianas. Pero afirmó que mientras en el mundo desarrollado no se disminuyera la demanda de dorgas habría siempre más laboratorios y las mafias del narcotráfico sería cada vez más ricas.

"…siguiendo la inexorable lógica del mercado, el consumo de dorgas crece hacia otros países y regiones, como se observa en Europa y partes de Asia. No queremos pensar en las consecuencias que tendría para Colombia y para la dinámica de este problema el que países de altos ingresos, como Japón o las naciones europeas, desarrollaran una demanda de droga similares a la que se ha vivido en Norteamérica."

La lucha contra el narcotráfico no puede ser responsabilidad de un solo país. Colombia " ha recibido reiteradas expresiones de solidaridad pero han sido muy pocas las acciones verdaderamente efectivas." Por eso es preciso que todas estas manifestaciones se traduzcan en hechos este campo. Colombia está pendiente de la presentación del régimen comercial de preferencias para los países firmantes de la Declaración de Cartagena conocida como la "Iniciativa Andina" y de su aprobación por el Congreso de los Estados Unidos, de la misma manera que espera iniciativas de cooperación por parte de Japón y los países de la ASEAN.

Lo expresado en Memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores del año 1991, sobre el tratamiento al problema del narcotráfico, es una confirmación de la queja del Presidente Gaviria en su discurso del año anterior acerca de la necesidad de acciones efectivas y no de simple retórica. Dice la Memoria: "Es sorprendente destacar la poca relevancia del tema del narcotráfico durante el Debate General, excepto por parte de algunos caribeños que hicieron alusión a esa problemática; los desarrollados no lo incluyeron en su agenda internacional."

Posiblemente tanta retórica de cooperación para enfrentar el problema del narcotráfico y la poca colaboración e incomprensión frente al mismo por parte de ciertos países, motivó al Presidente Cesar Gaviria a tener un lenguaje más afirmativo, incluso denunciador, cuando habló por segunda vez en la Asamblea General de las Naciones Unidas. En su intervención del 21 de septiembre de 1992, manifestó que Colombia era una víctima del apetito incontrolable de la droga, que pagaba un inmenso tributo en sangre y en bienestar de su población en una lucha contra el narcotráfico en la que sus jueces eran asesinados. Que los sobornos que corrompían a las autoridades carcelarias y a los funcionarios venales del país salían del bolsillo de los drogadictos que consumían la droga en las grandes capitales del mundo. Por esa razón, era doloroso para Colombia ver que….

"…quienes se atreven a señalar con un dedo acusador a un pueblo valiente y sacrificado sean precisamente los que no tienen reparo alguno en mirar en otra dirección, cuando se consume droga a su lado o cuando se trata del lavado de dólares, del tráfico de armas, de la exportación ilegal de químicos precursores o de las redes de distribución de drogas en calles y ciudades." De las palabras se debía pasar a los hechos, a las acciones concretas y por esa razón, en su discurso, el Presidente Gaviria hizo las siguientes propuestas: 1- Es preciso fijar metas globales, regionales y por países sobre el control de la droga, "debemos comprometernos a reducir la demanda y la oferta de drogas por lo menos en un 50% para el año 2000, en un 70% para el año 2005 y liberar para siempre a la humanidad de la maldición de las drogas antes del año 2010." 2- Es preciso establecer una acción global, por lo cual las Naciones Unidas deben convocar a una Conferencia sobre el problema de las drogas ilícitas y que de allí surjan compromisos concretos. 3- Es necesario la creación de una jurisdicción penal internacional especial para narcotráfico, lavado de dinero y la exportación ilegal de precursores químicos. 4- Deben mejorarse los instrumentos disponibles para la cooperación judicial entre los países y por ello sería muy importante una Convención de las Naciones Unidas sobre cooperación Judicial en Delitos Penales.

En el marco de las propuestas del Presidente Gaviria, la delegación colombiana en la Asamblea General presentó el proyecto de resolución que se convirtió en la No. A/C.3/47/L.28,la cual fue aprobada por consenso. En ella se establecía que en la primera Asamblea General se dedicarían dos días de la plenaria a una reunión de alto nivel para revisar el estado del a cooperación internacional contra la producción, tráfico, demanda y distribución ilícita de narcóticos y sustancias sicotrópicas.

Durante la Asamblea General de 1995, en la que se conmemoraron los 50 años de las Naciones Unidas, Rodrigo Pardo, Ministro de Relaciones Exteriores del Presidente Ernesto Samper, volvió a plantear el tema del narcotráfico para insistir en su aspecto internacional, en el esfuerzo colombiano para combatirlo y propuso que en el año de 1997 se realice una Conferencia Internacional con el objeto de evaluar los resultados de la Convención.

"Uno de los problemas mundiales que demanda una estrategia multilateral efectiva, liderada por las Naciones Unidas, es el de las drogas ilícitas.

Este no es un asunto de un solo país o de un pequeño grupo de naciones: es un crimen transnacional de vastas proporciones, de agobiantes dimensiones y de gravísimos peligros. Es un crimen que no tiene nacionalidad.

A los colombianos, que hemos padecido más que nadie los efectos devastadores de la droga, que hemos sufrido la muerte y la corrupción generada por sus inmensas ganancias, nos resulta sorprendente que todavía la comunidad internacional no tenga plena conciencia de sus dimensiones y de la naturaleza de este problema.

Se trata de una actividad económica ilegal, cuyas dimensiones han sido comparadas a las de la industria del petróleo. Supera en 7 u 8 veces el PIB de una nación como Colombia, opera en decenas de países y tiene múltiples actividades conexas como el blanqueo de dinero y la desviación de precursores químicos. Estas actividades conexas ocurren generalmente en países desarrollados y son tan importantes como el cultivo mismo de la hoja de coca o como su transformación en cocaína.

Numerosas investigaciones demuestran el aumento de los niveles de consumo de drogas ilícitas en los países industrializados y la apertura de nuevos mercados a lo largo de del mundo. Las cifras mundiales de mortalidad por abuso de drogas se han triplicado desde 1998 y las emergencias médicas por sobredosis de cocaína se incrementaron en un 1.000% entre 1978 y 1993.

Mi país ha combatido con mayor éxito que cualquier otro a los productores y traficantes de drogas ilícitas. Colombia erradico los cultivadores de marihuana en los años setenta, destruyó al Cartel de Medellín en los ochenta y desmanteló el Cartel de Cali en los noventa.

A Colombia se le reconoce la erradicación de más del 50% de toda la amapola que se destruye a nivel mundial y el decomiso de más de la cuarta parte de la cocaína y la base de coca que se captura en todo el mundo.

La erradicación de los cultivos ilícitos en Colombia debe estar acompañada por esfuerzos similares de erradicación de cultivos de marihuana en otros países, entre los cuales hay incluso países del Norte industrializado.

Durante el primer año de gobierno del Presidente Samper, la política contra los carteles de las drogas ha producido resultados que ningún gobierno, ni de Colombia ni de otra nación, había podido alcanzar anteriormente.

El mundo tiene ahora gracias a los éxitos alcanzados por Colombia, una oportunidad histórica para darle un golpe certero al narcotráfico. Una oportunidad histórica que, sin embargo, podría diluirse si no se adoptan de inmediato políticas efectivas contra el lavado de dinero, contra la desviaciónde precursores químicos, y contra la permisividad en el consumo.

Mi país ha propuesto la realización de un Segmento Especial del ECOSOC para acordar medidas de cooperación internacional, la adopción de una Convención Interamericana contra el Lavado de Dinero y contra la convocatoria de una conferencia internacional en 1997 para evaluar los resultados de la Convención de Viena y hacer los ajustes que sean necesarios."

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