INTERVENCION DEL MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES
DE COLOMBIA,
S.E. GUILLERMO FERNANDEZ DE SOTO
Reunión Ministerial del Grupo
de los 77
durante el 56 Período de Sesiones
de la Asamblea General de las Naciones Unidas
Nueva York, Noviembre 16 de 2001

Señor Presidente:
Quiero expresarle, al comenzar, nuestra congratulación
por la manera eficaz como la República Islámica de Irán
ha presidido las tareas del Grupo de los 77 durante el año en
curso. Gracias a su laboriosa dedicación, nuestro Grupo ha logrado
una activa y fructífera presencia en este exigente período.
Señor Presidente:
Esta reuniòn ministerial tiene lugar en una coyuntura
de marcado deterioro de la economìa global, cuatro años
despuès del inicio de la màs reciente crisis financiera
internacional y cuando aùn sus daños no han podido repararse.
Estamos enfrente de lo que podría ser el comienzo de una recesión
generalizada, susceptible de empeorar, si no se adoptan las políticas
y medidas que permitan corregir las tendencias de rápido desaceleramiento
hasta ahora registradas.
Cuando ocurrieron los atentados terroristas del 11 de
septiembre, la economía internacional venía ya experimentando
una seria contracción. Esos atentados golpearon aún más
sus debilitados cimientos. Es necesario promover una discusión
franca y amplia sobre las repercusiones de esta situación en
las economías de los países en desarrollo y promover iniciativas
dirigidas a atenuar sus efectos.
El retroceso económico observado se suma a los
desequilibrios estructurales que ha mostrado el proceso de globalización,
lo que ha redundado en desfavorables consecuencias sobre los sectores
más vulnerables de la población. Por eso, es también
apremiante una reflexiòn profunda sobre la globalización,
en la que se reconozcan las voces de quienes reclaman de manera legìtima
sobre los desbalances de ese proceso.
Una reflexiòn en la que se identifiquen los lìmites
de la libre competencia para atender àreas como el medio ambiente
y los derechos econòmicos y sociales, sin obstaculizar la creatividad,
la innovaciòn y el dinamismo que pueden ofrecer los mercados
para estimular el crecimiento económico y reducir la pobreza.
Una reflexiòn en la que se puedan reconciliar las necesidades
urgentes del presente con los requerimientos de las futuras generaciones.
En fin, una reflexión que permita identificar proposiciones y
medidas para regular, ordenar y humanizar la globalización.
En ese desafiante contexto, la Conferencia sobre Financiaciòn
del Desarrollo a celebrarse a comienzos del año 2002 en Monterrey-Mèxico
adquiere una relevancia especial. La Cumbre del Milenio estableciò
ambiciosas metas en aspectos como la disminuciòn de la pobreza,
en educaciòn y en salud. Pero los países en desarrollo
estaremos en desventaja para alcanzar esos objetivos, a menos que se
movilicen los recursos necesarios, en particular los recursos de asistencia
oficial para el desarrollo.
Existen gigantescas sumas de capital financiero en la
economìa internacional. Empero, gran parte de esos fondos no
se està utilizando de manera productiva. Recuperar los niveles
de asistencia oficial para el desarrollo, corregir los desbalances en
los flujos de inversiòn extranjera y dar pasos hacia una nueva
arquitectura financiera internacional deben ser materia de urgente prioridad.
La integración financiera global ha estimulado
flujos volátiles e incontrolados de capital que han expuesto
a muchos países en desarrollo a enormes riesgos. Esa integración
financiera ha sido promovida sin entender cabalmente las turbulencias
generadas sobre las economías débiles. Necesitamos de
una nueva arquitectura que fortalezca el papel de las instituciones
multilaterales responsables de asegurar la estabilidad del sistema financiero
internacional.
Por otro lado, solo podremos lograr una verdadera interdependencia
económica y un multilateralismo genuino si todas las naciones
pueden participar en términos equitativos en el comercio mundial.
Es inaceptable que algunas economías estén capacitadas
jurídicamente para restringir el acceso de productos a sus mercados,
mientras siguen exigiendo el libre flujo de sus bienes y servicios.
Tampoco es admisible el nuevo lenguaje del proteccionismo, a veces disfrazado
con las banderas seductoras del internacionalismo humanitario, ecológico
o laboral. Las barreras comerciales no son adecuadas para propiciar
mejores condiciones laborales, conservar el medio ambiente o proteger
los derechos humanos. Estos objetivos solo se pueden lograr si se nos
permite aumentar las exportaciones y, por ende, nuestras tasas de crecimiento
económico.
Confiamos en que estos conceptos inspiren la nueva ronda
de negociaciones multilaterales acordada hace pocas horas en la Conferencia
Ministerial de la Organización Mundial del Comercio realizada
en Doha-Qatar. Esperamos que el momentum generado permita movernos de
manera cierta hacia un sistema multilateral de comercio verdaderamente
libre, transparente y equitativo.
Señor Presidente:
En el año 2002 tendrà lugar la Cumbre sobre
Desarrollo Sostenible. Diez años despuès de realizada
la Cumbre de la Tierra, el calentamiento global sigue siendo un grave
riesgo para la humanidad. Cerca del 70% de nuestros oceànos estàn
sobre-explotados. El consumo de agua fresca està superando el
crecimiento de la poblaciòn.
No cabe duda, seràn los paìses en desarrollo
quienes sufriràn en mayor medida las consecuencias de un fracaso
en las metas del desarrollo sostenible. En Johanesburgo, necesitamos
configurar una agenda positiva para un futuro sostenible y consolidar
un compromiso que nos permita lograr una verdadera armonìa entre
el hombre, la economía y la naturaleza.
La comunidad internacional dispone de los recursos humanos
y materiales para encauzar las economìas sobre bases sostenibles.
Pero los desafìos de la sostenibilidad estàn sobrepasando
la respuesta ofrecida. El tiempo para una transiciòn ordenada
se està agotando. Uno de nuestros grandes desafìos será
pues el impulso de un partrón de desarrollo verdaderamente sostenible,
traducido en un compromiso real y en una práctica cotidiana.
Señor Presidente:
El mundo ha avanzado en la senda de la democracia, en
particular en la garantía de las libertades. No obstante, los
demás valores de la democracia siguen rezagados. El precio de
las libertades políticas y económicas no debe ser la perpetuación
de las inequidades. Para que la democracia y las libertades se arraiguen
firmemente, debemos promover un sentido auténtico de justicia
y solidaridad.
Esos postulados son igualmente válidos en las
relaciones internacionales. A pesar de algunos avances significativos,
la democracia a nivel global està aùn lejos de lo que
podrìa ser. Las Naciones Unidas estàn basadas en el principio
de la igualdad soberana de todos los Estados miembros. En la pràctica,
sin embargo, los Estados son desiguales, en tamaño, en riqueza
y en poder. Dentro del principio de la igualdad soberana, algunos se
sienten màs iguales que otros.
Es necesario insistir en una mayor democratizaciòn
de las instituciones internacionales. Ello no debe limitarse a hacer
del Consejo de Seguridad de la ONU un cuerpo màs abierto y representativo,
o de la Asamblea General un órgano más participativo.
Tiene que ver tambièn con el papel de otras instituciones como
el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organizaciòn
Mundial de Comercio. Es tiempo de pensar, dentro del sistema de las
Naciones Unidas, en la configuraciòn de una agenda por la democracia
en las instituciones multilaterales.
Señor Presidente:
El mundo ha acumulado enormes conocimientos, valores
éticos y recursos científicos para movernos hacias una
nueva era histórica de justicia y humanismo. Debemos enfrentar
ese desafío con sabiduría y coraje y movernos en un círculo
más amplio de identidad humana. Mirando al futuro con sentido
de historia. Profundizando el multilateralismo, con las Naciones Unidas
como centro y fortaleza principal. Reconociendo que en el mundo de hoy
no hay ya islas. Que nuestros destinos están inexorablemente
conectados.
Muchas gracias.