Señor Presidente:
Tengo el gusto de expresarle, en nombre de la Delegación
de Colombia, nuestras felicitaciones por su designación como
Presidente de la Segunda
Conferencia de Facilitación para la entrada en vigor del Tratado
de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares - (TPCEN). Confiamos
en que, con sus capacidades, y el esfuerzo de todos, se cumplirá
con nuestro cometido para alcanzar los fines propuestos en el artículo
XIV del Tratado.
Resaltamos complacidos la honrosa tradición mexicana
al servicio de la paz y de la configuración de un sistema multilateral
comprometido con la vigencia de sus principales instrumentos.
Hemos escuchado con atención la intervención
inaugural del Secretario General de las Naciones Unidas y compartimos
las preocupaciones en ella expresadas. Su mensaje revalida los postulados
del Tratado para continuar en los esfuerzos a favor de la pronta entrada
en vigor del TPCEN. Creemos justo expresar nuestro reconocimiento al
Sr. Hoffman, Secretario Ejecutivo, por su labor.
Señor Presidente:
La convocatoria de esta conferencia no ha podido hacerse
en momento más oportuno. Enfrentamos un concurso de circunstancias
que por su gravedad e implicaciones, exigen de la comunidad internacional
ajustes en su cuestionada percepción en materia de seguridad
y en la concepción y diseño de novedosos mecanismos de
cooperación global más eficaces.
Es notoria la estagnación y desaceleración
del control del armamentismo y del desarme nuclear, acompañadas
de un ambiente adverso a la aplicación de salvaguardias, particularmente
en países con programas nucleares no declarados. Colombia comparte
con la inmensa mayoría de la comunidad internacional, y los principales
expertos, la convicción de que el TPCEN es parte central del
régimen de tratados, acuerdos y normas que consagran la voluntad
de prevenir la proliferación de las armas de destrucción
masiva. Es una palanca vital para reforzar la limitación de toda
suerte de armamentos - convencionales y no convencionales - y avanzar
hacia el objetivo ultimo - irrenunciable aunque lejano- del desarme.
Hay que impedir nuevas carreras armamentistas, asentar
la seguridad colectiva en vez de los caminos insulares. Somos de los
estados mayoritarios que carecemos de la tecnología para ejercer
vigilancia sobre los ensayos nucleares o de la inteligencia sofisticada
para la verificación del cumplimiento del tratado. Por eso nuestra
confianza reposa en la eficacia, la transparencia, la fiabilidad, del
TPCEN como expresión de la acción multilateral para organizar
la prevención, el control, las sanciones a quienes violen el
Tratado. Nos preocupan los efectos nocivos ecológicos y también
las posibilidades de la utilización nuclear por grupos terroristas.
Hay actualmente 31.000 armas nucleares contra 39.000 existentes en la
época en que el Tratado de No-Proliferacion Nuclear entro en
vigor hace 31 años. El decrecimiento es lento, preocupante.
Persisten de una forma concomitante las doctrinas de
primer uso (first-use), uso preventivo (pre-emptive use) con una marcada
desaceleración de los mecanismos de control de armas nucleares,
particularmente en lo referido en el Tratado sobre la Limitación
del Sistema de Misiles Antibalisticos (Treaty on the Limitation of Anti-ballistic
Missile Systems) y START II.
Señaladas recientemente en el simposio de la Agencia
Internacional de Energía Atómica sobre Salvaguardias y
Terrorismo Nuclear, existen evidencias sólidas de programas de
armas nucleares en algunos estados no-nucleares miembros del TNP. El
fácil acceso y el uso indebido de la tecnología nuclear
acompañado de un sensible incremento del tráfico de material
radioactivo nos advierte, como una señal de alarma, sobre los
peligros y amenazas abominables de terrorismo nuclear en cualquiera
de sus formas. Lo impensable se ha vuelto probable.
En estas circunstancias, la validez de los instrumentos
con que está estructurado el edificio del régimen global
de no proliferación nuclear - íntimamente ligado al desarme
- adquiere una relevancia mayor, sin precedentes. Entre ellos el Tratado
de No Proliferación Nuclear que es instrumento matriz.
Es esencial que los esfuerzos de desarme nuclear sean
traducidos en medidas concretas por los países con armamento
nuclear como fue su compromiso en la Conferencia de Revisión
del TNP celebrada el año pasado. Reforzar el sistema de salvaguardias
es clave.
El TNP permite asistir a los Estados, particularmente
en desarrollo, en la utilización pacifica de la energía
nuclear sin afectar los objetivos de no proliferación. Creemos
en la utilización pacifica de la tecnología y la ciencia
nucleares con plenitud comprobable de salvaguardias y controles. Esa
será nuestra posición en la Junta de Gobernadores de la
Agencia de Energía Atómica para la cual fuimos elegidos
recientemente.
Señor Presidente:
Como es sabido el Tratado para la Prohibición
Completa de Ensayos Nucleares representa la culminación de un
largo proceso de casi medio siglo dirigido a prevenir la proliferación
nuclear y el avance hacia la eliminación de las armas nucleares,
con miras a alcanzar la paz y la seguridad internacionales.
Como uno de los ejes fundamentales de su política
exterior, Colombia apoya y participa en la estrategia global de seguridad
y se une a los esfuerzos de la comunidad internacional, para poner fin
a todas las explosiones nucleares, bajo estricto y eficaz control internacional.
Hacemos parte de una región con vocación
pacifista que creó en 1967 en plena Guerra Fría, una zona
libre de armas nucleares por medio del tratado de Tlatelolco cuyos principios,
como fuera expresado por la Ministra de Relaciones Exteriores de Chile,
a nombre del Grupo de Río, nos han señalado un norte y
marcado un hilo conductor en materia de no-proliferacion. Nos identificamos
plenamente con la declaración del Grupo de Río.
Colombia firmó el TPCEN EN 1996, como resultado
de su convicción de que la prohibición completa de los
ensayos nucleares es indispensable para la paz y seguridad internacional.
Somos un país no-nuclear sin ninguna pretensión ni razón
que nos motive a cambiar esta situación. Por el contrario, creemos
firmemente en la no-proliferacion de las armas de destrucción
masiva y en la utilización pacifica de la ciencia y tecnologías
nucleares.
La inclusión de Colombia en la lista de países
de que trata el anexo II del Tratado cuya ratificación es necesaria
para su entrada en vigor, nos da una responsabilidad adicional. Nuestro
compromiso con el Tratado se refleja en la voluntad del Gobierno Nacional
de ratificarlo a la mayor brevedad. Ya aprobada por el Congreso, la
ley de ratificación se encuentra en el proceso de control constitucional.
Señor Presidente:
Estamos aquí reunidos no solo para constatar
una serie de desarrollos políticos importantes - de necesario
y cuidadoso análisis - , sino para identificar medidas que faciliten
la entrada en vigor del Tratada y refuercen el conjunto del sistema
internacional en la materia.
La Conferencia deberá responder a su mandato,
esto es, identificar y propiciar medidas de facilitación bajo
el principio de que los objetivos del Tratado se logran si están
basados en la confianza y beneficios mutuos de la cooperación
entre los Estados.
Es de particular relevancia encontrar medidas especificas,
tal vez bajo el principio de "case by case" para países
en desarrollo como nosotros, con impedimentos de orden constitucional
para cancelar las contribuciones financieras originadas antes de la
ratificación. Por nuestra parte, de "bona fidae" hemos
expuesto las dificultades que se le atraviesan a Colombia, y renovamos
la disposición de hacer un esfuerzo para superarlas. Tanto la
Comisión Preparatoria como la Secretaría Técnica
Provisional están en capacidad de contribuir a una solución
aceptable para las partes que acelere la entrada en vigor de Tratado.
Mecanismos imaginativos de transferencia de tecnología
necesaria para implementar sistemas nacionales de datos, modernización
de instalaciones de redes sísmicas, contribuciones concretas
al desarrollo de la capacidad nacional son algunos ejemplos de cooperación
que abren perspectivas para la mencionada solución.
La organización del Tratado y la Comisión
Preparatoria deberán hacer esfuerzos adicionales para promover
en los países en desarrollo los beneficios de su adhesión,
no solo como contribución a la seguridad mundial, sino para beneficio
de las aplicaciones civiles y científicas, de las técnicas
de verificación. La cooperación técnica a los países
en desarrollo debe vigorizarse en todo el sistema de Naciones Unidas.
Señor Presidente:
El Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos
Nucleares debe aprovechar las Conferencias de revisión para reforzar
su propia capacidad de reflexión sobre la aplicación del
tratado. Con autocrítica, reconocimiento de logros que son evidentes
y prospectiva en un esfuerzo conjunto para lograr sus objetivos en momentos
difíciles.
Encontrar respuesta a una serie de interrogantes que
permitan ajustar sus propios paradigmas, debe ser una labor constante
y decidida. Solo así podrá despejar la incertidumbre política
sobre aspectos esenciales del Tratado, que ciertamente no opera en el
vacío. Esta conectado no solo con otros tratados sino con el
clima internacional mismo, la solución de conflictos crónicos,
con la certidumbre de que la vigilancia, las salvaguardias, las inspecciones
sobre el terreno, la moratoria en los ensayos nucleares, cumplen su
cometido.
Reconociendo la necesidad de tener un régimen
único y global de verificación, ponderar la puesta en
practica del régimen de verificación en la fase de la
Comisión Preparatoria tomando en consideración su financiamiento
e inquietudes sobre la fecha de entrada en vigor del tratado, requerirá
de un manejo adecuado por la Comisión Preparatoria.
Finalmente, se pondrá a prueba la capacidad de
adaptación de la Comisión Preparatoria y de la Organización
para el TPCEN a los desafíos de la realidad internacional y al
aprovechamiento de sus ventajas comparativas y valor agregado en favor
de la cooperación internacional con el objetivo de servir a la
paz y la seguridad mundial, en beneficio de todos. Disipar los temores
sobre los peligros nucleares contribuye a disipar otros temores sobre
peligros devastadores. En nuestro siglo XXI tenemos el imperativo categórico
de convertirlo en el tiempo de las certidumbres pacificas, las soluciones
negociadas de los conflictos y las convergencias inteligentes en una
civilización común.