Señora Presidente,
Señores Jefes de Delegación,
Señores Delegados:
Al intervenir, hoy, por primera vez, ante una reunión
ministerial del Movimiento de Países No Alineados, deseo expresar
a todos Ustedes mi saludo más cordial, y, reafirmar el compromiso
de Colombia con los principios que inspiran el No Alineamiento y con
su objetivo último de alcanzar un orden internacional basado
en la justicia, la solidaridad y el bienestar de nuestros pueblos.
Me resulta particularmente satisfactorio que esta primera
intervención ante Ustedes se dé en el escenario que el
Movimiento visualizó para concertar sus posiciones frente a la
agenda de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ello me permite
enfatizar la vigencia del multilateralismo; el lugar central que en
él le corresponde a la Organización mundial; la validez
de los principios condensados en su Carta; y, la responsabilidad que
nos compete para avanzar en el proceso de reforma que iniciamos al concluir
la denominada etapa de la guerra fría y que, esperamos, nos provea
con una Organización más democrática, más
eficiente, fortalecida en sus funciones políticas y en su relacionamiento
estructural interno, y, de manera especial, orientada a la promoción
de la cooperación internacional para el desarrollo.
En todas estas tareas, Señora Presidente, sus
calidades y experiencia, nos resultarán excepcionalmente útiles.
Quiero manifestarle la satisfacción de mi delegación al
saberla presidiendo nuestros trabajos. Le ofrezco nuestra colaboración
más decidida y le deseo el mayor de los éxitos.
Señora Presidente:
Hace menos de mes y medio, respaldado por una de las
más altas votaciones en la historia de Colombia, asumió
sus funciones el Gobierno del Presidente Alvaro Uribe Vélez.
Animado por el apoyo generalizado de los colombianos, hemos presentado
al Congreso una serie de iniciativas y propuestas orientadas a la reactivación
de la economía, afectada en los últimos años por
factores internos y por las consecuencias de crisis externas, así
como medidas urgentes al amparo del régimen de excepción
previsto en nuestra Constitución, para restablecer el orden y
la vigencia de la ley dentro del más estricto respeto a los derechos
y libertades fundamentales. De igual manera, hemos adelantado importantes
gestiones para crear el escenario propicio a un diálogo encaminado
a encontrar una solución política y negociada para el
conflicto interno colombiano, dialogo que tendría como único
requisito para su realización el de darse sobre la base de un
alto al fuego y un cese de hostilidades.
Señora Presidente:
Me he permitido hacer esta breve referencia a la situación
interna de mi país, porque el caso colombiano conjuga, en su
agenda, varios componentes de la agenda del Movimiento de Países
No Alineados y de la Organización de las Naciones Unidas.
A todos Ustedes les resultará ya familiar la
invocación del concepto de responsabilidad compartida que Colombia
ha hecho para la atención y solución de muchos de los
problemas que enfrentamos y que tienen una naturaleza transnacional.
Lo hicimos, por primera vez, con ocasión del
vigésimo periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General
dedicado a la lucha en común contra el problema mundial de las
drogas, en 1989, con el convencimiento de que la acción contra
este flagelo demandaba una aproximación simétrica, equilibrada
e integral de parte de todos los miembros de la comunidad internacional.
Hoy nos reafirmamos en esa convicción: no existe
una categoría exclusiva de países productores y, en consecuencia,
el énfasis no puede estar centrado tan solo en la interdicción
de la oferta. La lucha contra las drogas exige una acción contundente
de parte de los países que registran un alto índice de
consumo, así como de aquellos que producen los precursores químicos,
las armas pequeñas y ligeras, y, en donde el blanqueo de dinero
se beneficia de laxos controles bancarios y financieros.
Pero, todavía más, el negocio mundial
de las drogas ilícitas, pocos lo dudan, es el combustible financiero
del terrorismo. Una parte del caudal económico que produce ese
lucrativo mercado, financia las organizaciones criminales internacionales
y, entre ellas, a los grupos terroristas.
Como en el caso de las drogas, la ausencia de controles
al comercio de armas facilita su tráfico ilícito, nutre
conflictos internos y pone en peligro la estabilidad de naciones y hasta
de regiones. Aquí, también hemos reclamado la responsabilidad
compartida de toda la comunidad internacional. Sin embargo, aún
no percibimos señales de la voluntad que anime a los países
productores de armas a cumplir con las metas acordadas en el Plan de
Acción adoptado durante la Conferencia de las Naciones Unidas
sobre Tráfico Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras,
que celebramos en Nueva York bajo la presidencia de Colombia, en junio
del año pasado.
Relacionada con el tráfico ilícito de
drogas y con el de armas, la corrupción aparece como otro de
los fenómenos que nos aquejan y demandan nuestra atención.
Colombia no ha sido inmune, ni indiferente ante este problema. Actualmente,
presidimos en Viena el Comité Especial encargado de preparar
una Convención de Naciones Unidas contra la Corrupción.
Nos esforzamos por satisfacer la voluntad de los Estados miembros de
contar con un instrumento que promueva y fortalezca la cooperación
internacional, la asistencia técnica y la recuperación
de los fondos de origen ilícito para devolverlos a sus países
de origen. Estos objetivos, esenciales para luchar contra la corrupción,
requieren el desarrollo efectivo del principio de la responsabilidad
compartida.
La responsabilidad compartida también debe aplicarse
al tema migratorio. Cuando los países de origen y los receptores
de migrantes acuerden procedimientos y mecanismos que faciliten la regulación
y ordenamiento de los flujos migratorios, podrán enfrentar con
efectividad los aspectos económicos, sociales, jurídicos
y culturales propios de este problema y coadyuvarán en la solución
de otros delitos conexos como el de la trata de personas que, a su vez,
cobra dimensiones aterradoras cuando afecta a niños y a mujeres.
Los países que padecemos los desplazamientos
de población, como resultado de los conflictos armados, tendremos
que coincidir en la necesidad de adelantar un ejercicio de reflexión
sobre el concepto de la responsabilidad compartida para la atención
de estas personas con la ayuda de la Oficina del ACNUR.
Finalmente, la agenda social de nuestra época
demanda nuestro más decidido compromiso. Al seguimiento de los
objetivos y acciones acordadas en la Sesión Especial de la Asamblea
General en favor de la Infancia, y, en la Asamblea Mundial sobre el
Envejecimiento, debemos aunar una actitud orientada a salvaguardar las
conquistas alcanzadas en las cumbres mundiales que sostuvimos en la
década de los noventa.
Señora Presidente:
Mañana nos reuniremos en el Grupo de los 77 para considerar la
situación económica mundial, a la luz de la agenda de
esta 57a. Asamblea General de las Naciones Unidas. Conjuguemos nuestros
esfuerzos con el G-77. Utilicemos el Comité Conjunto de Coordinación.
Nuestro respaldo político abrirá mejores oportunidades
a la negociación económica del G-77.
Señora Presidente,
Las mejores herramientas para continuar avanzando en
la búsqueda de ese mundo mejor son nuestra voluntad colectiva
frente a los problemas mundiales y la solidaridad que impulsa a nuestro
Movimiento. Este es el legado de los fundadores del No Alineamiento.
Aceptemos el reto y actuemos sin demora
Muchas gracias.