Señores Presidentes; Señores delegados:
Hoy vengo a esta Cumbre histórica no sólo como mandatario
de mi país, sino también para traer la voz de 500
millones de habitantes del planeta que viven en 33 Estados de América
Latina y el Caribe que conforman el
Grupo de Río, del cual hoy soy su Secretario Pro Témpore.
Y, en su nombre, proclamo:
Queremos ser, ante todo, una región de paz.
Valoramos la protección de los derechos humanos, en su concepción
integral, y del medio ambiente, porque
ambas son formas de defender al hombre.
Rechazamos toda clase de intolerancia y discriminación.
Exaltamos la solidaridad y la cooperación como los valores
que deben presidir el siglo XXI.
Y, por esto, manifestamos:
Las Naciones Unidas constituyen la organización mundial de
mayor importancia y nos corresponde a nosotros
fortalecerla e incrementar su capacidad.
Por ello, defendemos un multilateralismo que obre siempre dentro del
marco de la Organización, como la
principal instancia reguladora del orden global, y consideramos inadmisible
cualquier acción internacional que esté
por fuera de la legalidad establecida en su carta o cualquier reforma
que vaya en detrimento de su Agenda Social.
Señores Presidentes:
América Latina y el Caribe nos declaramos partidarios y comprometidos
con la democracia y con el respeto a
los derechos humanos, como los cánones rectores del nuevo orden
internacional.
Así lo expresamos los presidentes del Grupo de Río en
Cartagena cuando suscribimos un Compromiso con la
Democracia, y así lo ratificamos hace menos de una semana, en
Brasilia, todos los presidentes de América del
Sur.
Nuestra región, con la autoridad que nos otorga ser la primera
zona del planeta libre de armas nucleares,
propugna por un mundo a salvo de la amenaza nuclear y de otras armas
de destrucción masiva. Igualmente,
respaldamos la próxima Conferencia Internacional sobre el Comercio
Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras,
además de que condenamos el uso de armas excesivamente crueles
o inhumanas, especialmente las de
fabricación artesanal.
Es urgente y prioritario que evitemos las guerras, pero, donde quiera
que haya conflictos, por lo menos deben
regir las normas del Derecho Internacional Humanitario. Colombia cree
firmemente en sus postulados y por eso
hoy puedo decir, con orgullo, que no existe ningún menor de edad
en nuestras Fuerzas Armadas.
Y para garantizar un porvenir más claro a las nuevas generaciones
tenemos que enfrentar también con valentía y
decisión el problema mundial de las drogas ilícitas y
sus delitos conexos, tales como el lavado de activos, el
tráfico y desvío de precursores químicos, el contrabando
y el tráfico de armas.
El Grupo de Río está convencido de que éste es
un problema de todos que debemos resolver entre todos,
mediante una lucha global que parta del principio de la responsabilidad
compartida.
Señores Presidentes:
Nuestro deber es propiciar las condiciones para que la globalización
que nos legó la última década sea regulada,
humanizada y justa.
El comercio y las finanzas, en estas nuevas circunstancias, no pueden
perder de vista al hombre y sus
necesidades. En América Latina y el Caribe tenemos más
de 200 millones de pobres que esperan alcanzar los
beneficios del progreso ¡y no podemos dejarlos atrás!
Lo que buscamos es un crecimiento con equidad social.
Para ello, necesitamos que la cooperación internacional financie
tanto las redes de protección social como la
inversión en capital humano y en infraestructura.
Necesitamos aumentar el flujo del comercio internacional y frenar
las medidas proteccionistas de los países con
mayor grado de desarrollo y riqueza.
Necesitamos, en fin, una nueva arquitectura del sistema financiero
internacional que propicie la estabilidad y que
brinde asistencia y respaldo a los países en procesos de ajuste.
Señores Presidentes y representantes de las naciones del mundo:
Vengo de Colombia, un hermoso país poblado por 40 millones
de seres humanos que aman la vida, en el que,
infortunadamente, subsiste una confrontación absurda, alimentada
por unos pocos violentos y por los dineros
sucios de un tráfico de drogas que afecta e incumbe al mundo
entero.
Pero estamos comprometidos con la búsqueda de una paz negociada.
Estamos obsesionados con el logro de una
mayor justicia social para los más necesitados de nuestro pueblo.
Estamos decididos a luchar contra el
narcotráfico y a favor de los derechos humanos. Estamos viviendo
en democracia desde hace más de 180 años y
seguiremos viviendo en democracia.
Somos futuro. Somos promesa. Somos un territorio de esperanza y de
amistad. Sobre los hombros de nuestros
héroes, sintiendo la angustia de nuestros pobres, confiando en
el talento de nuestra gente, puedo decir, con las
palabras de nuestro premio Nóbel Gabriel García Márquez,
que estamos alcanzando y vamos a lograr -no tengo
duda- ¡una segunda oportunidad sobre la tierra!
Muchas gracias